miércoles, 30 de septiembre de 2020

La montería y la rehala como patrimonio cultural. ABC de la Caza. Publicado mi fotografía en Artículo BIC. 02 marzo 2020.

 


martes, 22 de septiembre de 2020

La montería y la rehala. Tradición montera. Cinco décadas de podencos, trabucos y caracolas. Mi artículo en Trofeo Caza de marzo 2020.




Del paso al puesto








50 años en la montería española

Texto y fotos: Félix Sánchez Montes 
golimbreando@gmail.com 

Hace unos días recibí una llamada telefónica de mi buen amigo y director de Trofeo, Caza y Conservación, Pablo Capote, pidiéndome un artículo sobre la evolución de la montería en los últimos 50 años y como no podía ser de otra manera acepté encantado, no todos los días se cumple el cincuentenario de una revista y mucho menos si es de caza, como es el caso de la decana de las publicaciones cinegéticas en España. 

“Admitiendo, que no todo tiempo pasado fue mejor, hay que reconocer, que muchas cosas han cambiado en nuestro mundo montero, y no todas para bien”.(sic) 

Así empezaba hace ya unos años, uno de mis artículos, que titulé “Del paso al puesto”, donde hacía un repaso, a lo mucho que ha cambiado y solamente en unas décadas, las monterías y en especial, la montería tradicional. 

Precisamente en este año 2020 cumplo 50 años como montero, ya que cobré mi primer venado en 1970 en la finca Fuentevieja en Córdoba. 

Desde que empecé a montear ha llovido mucho por nuestras sierras y los usos y costumbres de la montería española, han cambiado y evolucionado para adaptarse a los nuevos tiempos. 

Recuerdo que en aquellos años, asistir a una montería, aún tenía su buena dosis de aventura, emoción e incertidumbre. 

Meses antes, se visitaba la finca, se localizaban los pasos y huidas naturales de las reses, se hablaba con el guarda y se colocaban los puestos en estas huidas naturales, procurando la máxima seguridad entre un puesto y los contiguos. 

Se cerraba la finca con las armadas de cierre, pero dejando hueco entre los puestos, no era cuestión de arrasar con todo, la mayoría eran fincas abiertas, ya que las fincas cercadas eran muy escasas en aquellos años. 

Ver rifles no era habitual y con visores mucho menos, muchos monteros iban con sus escopetas, ya que casi todos los asistentes, sabían que había que dejar cumplir a las reses, para abatirlas en su sitio, en jurisdicción, y por tanto, era extraño disparar a más de 150 metros a una res, eso sí, siempre en nuestro campo de tiro, para no cortar el camino de las reses, que fuesen a romper al puesto vecino. 

Las reses, se movían de unas manchas a otras de acuerdo con las estaciones, disposición de comida o buscando tranquilidad, los dos pilares de una buena finca montera. 

Estas monterías, eran casi todas de invitación, vendiendo algunos de los puestos para amortizar los gastos, que eran muy abundantes, no para ganar dinero. Cercanos ya a la junta, adelantábamos a los acemileros, que andando conducían a los mulos, que se utilizarían para sacar las reses de la montería. 

Esta peculiar caravana, que atravesaba a aquellas horas la muy poco transitada sierra, por unas carreteras pésimas, llenas de baches y socavones, procurando no perder de vista al automóvil que iba en primer lugar, en el cual se encontraba la persona que sabía llegar a la junta, solía ser la estampa por ese entonces. Sin olvidar, que por aquellos años no existían los móviles y los teléfonos eran inexistentes en los cortijos, si acaso alguna emisora de radio. 

Una vez celebrado el sorteo, siempre sorteaban primero las rehalas, como se hacía desde siempre, después los linderos e invitados, para a continuación del rezo de un avemaría, o a veces una misa de campaña, se ponían en marcha las armadas para ir colocando los puestos, primeros los cierres para después salir las traviesas. Algunas iban en camionetas, otros en caballerías y la mayoría andando, si eras joven la caminata estaba asegurada, eran aquellas famosas armadas de los niños, donde todos empezamos, las más apartadas y en la que casi nunca se lograba disparar ni un tiro, pero no importaba, la afición nos movía y lo de menos era el resultado. 

Conocías, a casi todos los asistentes a la montería y por tanto era común que cuando te colocabas en tu puesto, supieses a quien tenías de compañeros a tu izquierda y a quien a tu derecha. 

Lo habitual, era ir acompañado al paso. Yo, desde muy pequeño, iba con mi padre y así aprendí, lo poco o mucho que se de caza, y a compartir los lances, si te dejaban, cuando ya tenías una edad. La suelta, normalmente a eso de las once de la mañana, el trabucazo y las ladras de las rehalas te avisaban del comienzo. 

En el puesto, te comías el taco que siempre llevabas y una lumbre para calentarte, y no se chanteaba la mancha por ello. 

Las reses, eran mucho más escasas que en la actualidad, y lo que importaba era el lance más que el trofeo de la res. Palabras como bocas, medallable y otras, no recuerdo haberlas oído en aquellos años. Si el lance había sido bueno, tenías la recompensa de la res muerta en su sitio y por derecho, y si no, pues no pasaba nada, otro día habría más suerte. 

A eso de las cuatro de la tarde, tras unas seis horas en el puesto, sonaban las caracolas de recogida y te ibas a pistear y marcar las reses si el día había sido propicio, y si no pues ayudabas a marcar las del vecino. 

Después, a la junta de carnes por el mismo medio por el que habías venido. Allí, te esperaban unos garbanzos calientes a veces y un poco de vino. Si había que discutir una res, se hacía siempre en el campo, nunca en la junta y si surgían desavenencias, el Capitán de Montería, acompañado de otros dos o tres monteros con experiencia, más los monteros que reclamaban la res, se acercaban al puesto y decidían de quien era la res. ¡Su veredicto era inapelable y todos aceptaban su juicio! 

Si aquel día, se había hecho novio a algún montero, eran los perreros quienes se encargaban de dictar sentencia, normalmente todo quedaba en una convidá pagada por el padre o acompañante del novio y alguna broma, sin mayor relevancia para el nuevo montero. 

Sin prisas, se charlaba de lo acontecido en la montería, y muchas veces algunos de los asistentes, se quedaban a dormir en la misma finca, esas tertulias que se organizaban por la noche en el cortijo, era el momento ideal para rememorar los lances y compartir las vivencias de ese día. 

Ya en los setenta, la cosa cambió. Cada vez más monterías comerciales aparecieron en la sierra y las primeras fincas valladas irrumpieron en el panorama y se produjeron las primeras reintroducciones de reses foráneas para mejorar los trofeos. 

Los precios de los puestos, se dispararon a principios de los ochenta, y eso hizo que muchos viejos monteros se fuesen retirando de las monterías. Las monterías se utilizaban como mero acto social, ya que la caza no les importaba en absoluto. 

Con la llegada de los noventa, los precios siguieron subiendo, algunos dueños se acostumbraron a pedir más de lo que valían sus fincas, pero como las organizaciones de monterías le pagaban el precio ofertado y además siempre había quien comprase los puestos, pues ¡sin problemas! 

Cada vez se valoraban menos a las rehalas y su trabajo, pasándose de pagar una cantidad más el taco y pan para los perros, a una cantidad fija, independientemente de la calidad de los canes. También desaparecieron de nuestras sierras los trabucos, por la ley de explosivos, perdiendo gran parte de su tradición. 

La llegada del nuevo siglo, trajo consigo precios aún más altos, las manchas, cada vez tenían más puestos para amortizar los crecientes gastos. 

Las novedades técnicas llegaron a las monterías, ya no se veían escopetas, solo rifles de calidad, con visores magníficos, medidores de distancias, punteros láser, y miniordenadores en los visores, grandes y potentes todoterreno, climatizados y con todos los lujos imaginables, ropa y calzado térmico, móviles vía satélite, GPS incorporados al reloj... 

Ya nada de andar, te colocan en el puesto a pie de tu todoterreno, te dan el plano del puesto, los resultados anteriores, las localizaciones de los posibles sitios por donde te entraran las reses. Y si fallas, no te preocupes, detrás de ti tienes una malla cinegética, así que esa res que se fue, te volverá a pasar, seguramente, al no poder huir. 

Por la tarde y después de la montería, tendrás un magnifico catering, mientras esperas que traigan las reses. 

¿Y las rehalas?... estas ya no importan. Se les da un par de puestos, para que los vendan y así poder cubrir gastos. Y a veces, se les colocará en las nuevas armadas de rehaleros, que son siempre, armadas de cierre de dudoso éxito. 

Y no nos podemos olvidar, de la burocratización creciente y de la cantidad inmensa de leyes y decretos que aparecen cada día, legislando, prohibiendo o reduciendo todo tipo de cuestiones. 

Yo opino, que toda evolución tiene sus ventajas, y que hay que evolucionar o dejar de existir, de nosotros depende lograr el objetivo, de una caza con tradición, respeto por el campo y aplicando para ello las nuevas tecnologías. 

jueves, 20 de agosto de 2020

Animales con derechos: La gran falacia. Artículo de opinión. Alfonso Aguado Puig


ANIMALES CON DERECHOS: LA GRAN FALACIA

Alfonso Aguado Puig
Doctor en Derecho

Quiero comenzar estas líneas pidiendo disculpas por no haberlas escrito antes. El primer momento fue cuando el sector animalista comenzó a hablar de esta figura en distintos eventos. El retraso no tiene perdón cuando nuestro actual gobierno crea una dirección general, con presupuesto incluido, con este título y la situación se agrava, aún más, cuando su titular comienza a hacer públicos sus verdaderos propósitos. Que los animales no tienen derechos es una afirmación rotunda con base en las raíces de la filosofía del Derecho. A nadie se le ocurriría planteárselo siquiera a Norberto BOBBIO o a Hans KELSEN. Aunque, ni la ciencia jurídica, ni el ordenamiento contemplan los derechos de los animales ¿es posible que, en teoría, se pueda alcanzar este reconocimiento? 

Para no "sucumbir" a esta tentación y perder la cordura, arrastrados por los defensores de la humanización de los animales, es indispensable acudir a filósofos como Tomás de AQUINO, quien analizó de forma profunda el orden de la Naturaleza, en su conocida teoría de la Escala de los Seres. Como señala en su magnífico artículo Francisca TOMAR (del mismo nombre), el interés por esta relación se remonta al neoplatonismo, atribuyendo a ARISTÓTELES la iniciativa de ordenar a todos los animales según su grado de perfección. Esta iniciativa tiene su máxima expresión durante la cristiandad medieval con la tesis de Tomás de AQUINO. Para el autor, este orden es fácilmente comprobable en nuestra experiencia cotidiana. Le podremos llamar ley de la selva o cadena trófica, pero es una realidad que unos seres se imponen a otros, en una cadena que comienza en la materia y termina en Dios, en un orden basado en el grado de perfección, con referencia a tres dimensiones: especie, modo y orden. En lo que al objeto de esta reflexión interesa, este tercer elemento, el ordo, es el que determina la capacidad de comunicarse a otros y tender esa comunicación. Este orden genera una distinción entre los seres y, necesariamente, una jerarquía, con el establecimiento de grados o clases. Especialmente en su obra Suma contra los Gentiles, es donde AQUINO clasifica los distintos entes, ordenándolos por la perfección de sus operaciones, en cuya clasificación sitúa a los que tienen vida sensitiva, bajo aquéllos que alcanzan la vida intelectiva (que implica cierto grado de consciencia y juicio). Así, con la vida intelectual llegamos al nivel más alto, que se manifiesta en el poder de reflexión y hace que el viviente sea dueño de su propio juicio y también de sus designios, un nivel reservado a partir del ser humano, nunca a los animales, que quedan por debajo en este orden natural. 

Esta capacidad intelectual de decisión, que es reflejo de la perfección de los seres, según la expresada doctrina de pensamiento, podemos identificarla con la denominada capacidad jurídica, como aptitud para tener derechos y obligaciones, reconocida sólo a la persona, que la adquiere con el nacimiento, según establece el artículo 30 de nuestro Código Civil. En esta norma se atribuye a los animales la categoría de bienes muebles, nunca como titulares de derechos. Si acudimos a la norma básica estatal, la Ley de Sanidad Animal 8/2003, en ninguno de sus preceptos recoge a los animales como sujetos de derechos. Igualmente ocurre con las leyes autonómicas de bienestar o protección animal, citando como una de las más novedosas, la ley navarra 19/2019 de 4 de abril. Esta realidad nos permite concluir que, en coherencia con la teoría filosófica expuesta, en nuestro ordenamiento no existe una sola norma en la que se atribuya derechos a los animales, lo que deja sin herramientas de trabajo a nuestra nueva dirección general. 


Expuesta la anterior situación ¿qué sustento tiene hablar de derechos de los animales? Llegados a este punto, la más profunda teoría animalista acude con fe ciega al limbo de un supuesto Derecho internacional sobre la materia, la mayor falacia de este pensamiento radical, basada en la supuesta existencia de una declaración internacional. Como pone en evidencia el análisis de Carlos PÉREZ VAQUERO (El bulo de la Declaración de los derechos de los animales), el animalismo, con su potente maquinaria mediática, nos vende (e incluso ha llegado a colar en algún preámbulo normativo, v.g. Ley autonómica de Murcia 6/2017) la aprobación, unas veces por Naciones Unidas, otras por parte de la UNESCO, de una Declaración de Derechos de los Animales. Nada más lejos de la realidad. Como explica el autor, la iniciativa de aprobar esta declaración internacional partió de la Liga Internacional de Derechos del Animal, una entidad creada en Suiza en 1976 y dirigida por German H. Heuse, miembro de la Secretaría de la UNESCO en 1978, cuando el día 15 de octubre de ese año, este texto fue leído en la Gran Sala de la Casa de la UNESCO, NUNCA SOMETIDA A APROBACIÓN POR SU ASAMBLEA. Este acto de lectura o proclamación, fue y es, el único acto formal de esta declaración, que, en ningún caso, lo convierte en un instrumento de Derecho internacional, como bien señala Francisco CAPACETE. Ni que decir tiene que este documento nunca ha sido acogido, ni aprobado, por la ONU, por lo que se trata de un texto sin ninguna validez jurídica o legal. En definitiva, como concluye PÉREZ VAQUERO, se trata de un documento privado –como también ocurre, por ejemplo, con la Declaración de Independencia del Ciberespacio, que John Perry Barlow formuló en Davos (Suiza), el 8 de febrero de 1996 (Se me ocurre si deberíamos crear una dirección general en pro de la independencia del más allá).

Los anteriores argumentos nos permiten afirmar que los derechos de los animales no existen y prever que no los van a tener. No tienen amparo dentro de la doctrina filosófica, ni de la jurídica. Tampoco tienen acogida en nuestro ordenamiento, siendo la mayor falacia la afirmación de su amparo en el Derecho internacional. Sirvan estas líneas como explicación útil al sentido común de tantos ciudadanos normales preocupados y con razón. Diferentes preguntas me asaltan después de esta reflexión: ¿está justificado mantener entonces nuestra recién estrenada dirección general? ¿no será que su creación se debe a parte del precio pendiente de pago por el gobierno actual? ¿hasta dónde van a dejar llegar a un organismo sin objeto útil y conocido? ¿vamos a seguir la corriente a la gran falacia, para dar de comer a unos pocos a costa de muchos? 

Se atribuye al dirigente nazi Göbbels, jefe de la propaganda del III Reich, la frase según la cual, una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad. Tanto hablar de derechos de los animales sin denunciar que es una falacia, igual produciría ese efecto.

Ahí lo dejo, por ahora.

sábado, 15 de agosto de 2020

Las fotografías en internet tienen dueño, no son gratis.


Otra vez, y van ya muchas, usan una de mis fotografías sin mi permiso y sin citar al autor.

En este caso es una fotografía protegida por derechos de autor y premiada en un concurso fotográfico.

El Partido Popular de Andalucía #populares, la ha usado sin ningún tipo de permiso del autor. Estuve esperando desde el 4 de agosto en que la publicaron ampliamente en internet, en especial en twitter, facebook y whatsapp para escribir este post en mi blog, dando por supuesto que había sido un error.

Pero a pesar de mis reiterados comentarios en las distintos medios en que apareció en internet, ni siquiera se han dignado responderme. Naturalmente me reservo las acciones legales que puedo ejercer.

Al compartir también hay que citar al autor


Según indica Jesús Pérez Serna, “la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) explica que la propiedad intelectual se refiere a las creaciones de la mente: invenciones, obras literarias y artísticas, etc. Así como a los símbolos, logotipos, nombres e imágenes utilizados en el comercio. 

Esta propiedad intelectual de la que hablamos genera a su vez los derechos de autor sobre obras como libros, música, pintura, escultura, imágenes, películas, programas informáticos… y por supuesto fotografías e infografías. 

Claro que normalmente estas creaciones necesitan además un soporte o medio para ser transmitidas, y en estos tiempos Internet resulta ser uno de los métodos de difusión más habituales. Y todo lo que está en Internet es para muchos «free» en el doble sentido del término: gratis y libre, ¿no? Pues no.” 

Es importante señalar que para generar los derechos de autor no se exige ninguna inscripción en un registro, sino que nacen con la creación de la obra en sí. 

“Si en vez de incluir la imagen en una página web o blog propios vamos a compartirla en una red social, la situación legal no se modifica respecto a lo explicado en el apartado anterior sobre propiedad intelectual de las imágenes en Internet. 

En las redes sociales funcionan las mismas condiciones legales sobre las imágenes que en cualquier otro sitio de Internet, además de las propias normas de uso de cada una de esas plataformas sociales. 

Esto significa que en caso de vulneración de la propiedad intelectual de esas imágenes o de los derechos de autor de las fotografías en redes sociales, además de la posible denuncia del autor, podríamos encontrarnos con sanciones que vayan desde la retirada de la publicación o mensaje hasta la expulsión del usuario de esa plataforma social. 

No hay que olvidar que cuando participamos en redes sociales lo estamos haciendo en casa de un tercero, y el dueño es quien pone las normas.”


martes, 7 de julio de 2020

Montes de Toledo sur, Cabañeros y la raña manchega. Mi 16º artículo publicado en ABC de la Caza. 6 de julio 2020.


Boceto Pablo Capote

Original


Edición Impresa (Sevilla)


Edición Impresa (Sevilla)

WEB ABC DE LA CAZA


RUTA CINEGÉTICA

Montes de Toledo sur, Cabañeros y la raña manchega



Zona montañosa de muy rica hidrografía y mucha vegetación, con una extensión de 165.000 hectáreas aproximadamente, la forman 16 municipios.



Numerosos ciervos en el Parque Nacional de Cabañeros
Numerosos ciervos en el Parque Nacional de Cabañeros

Félix Sánchez Montes
Actualizado:06/07/2020

Desde Consuegra al este, hasta el Parque Nacional de Cabañeros en el oeste, ampliando los límites de la comarca de los Montes de Toledo, discurre esta segunda entrega dedicada a esta emblemática zona. Comarca eminentemente montera y de caza menor, con grandes y conocidas fincas en los límites del Parque Nacional de Cabañeros sobre las que se cierne el que podría ser el final de la caza, un desenlace que vendría de la mano del fin de la moratoria establecida en 2014.

Zona montañosa de muy rica hidrografía y mucha vegetación, con una extensión de 165.000 hectáreas aproximadamente, la forman 16 municipios con marcados contrastes paisajísticos y una amplia variedad de fauna y flora. En el llamado Balcón de La Mancha de Villarrubia de los Ojos tenemos probablemente el mejor mirador sobre la llanura manchega.Desde Consuegra al este, hasta el Parque Nacional de Cabañeros en el oeste, ampliando los límites de la comarca de los Montes de Toledo, discurre esta segunda entrega dedicada a esta emblemática zona. Comarca eminentemente montera y de caza menor, con grandes y conocidas fincas en los límites del Parque Nacional de Cabañeros sobre las que se cierne el que podría ser el final de la caza, un desenlace que vendría de la mano del fin de la moratoria establecida en 2014.

A la salida de Malagón, dirección Porzuna, nos encontramos con la reserva natural de Las Navas de Malagón: tres lagunas de origen volcánico y uno de los observatorios de aves menos conocidos, pero de los más interesantes, donde pasan el invierno un gran número de aves. Siguiendo la ruta llegamos a Porzuna, un pueblo «con un volcán dentro», sin olvidarnos de visitar Piedrabuena, un pueblo tranquilo marcado por la cercanía del río Bullaque, de gran tradición montera.

La vegetación es la clásica del bosque mediterráneo; y, por tanto, representada por comunidades vegetales adaptadas a este clima de inviernos fríos y veranos cálidos y secos; las precipitaciones más abundantes se producen en primavera y otoño.

Cabañeros se caracteriza por la complementariedad que ofrecen los dos ecosistemas más destacados del parque, la raña y las sierras, pues la mayor parte de la fauna vive entre ambos ambientes, beneficiándose de la facilidad para encontrar alimento en los herbazales y desplazándose en busca de cobijo entre los espesos bosques.

En la llanura escasamente arbolada que conforma la raña es posible la observación de la gran fauna del ecosistema mediterráneo, como el ciervo o los jabalíes. Sin olvidarnos de las aves esteparias, como la calandria, la cogujada montesina y la terrera. Oiremos los reclamos del sisón y la perdiz roja, otro importante recurso cinegético. Águilas reales, imperiales, calzadas y culebreras, así como milanos negros y reales y el buitre negro, emblema de la zona, son algunos de sus emplumados tesoros.

Abunda también el gato montés, la gineta, la garduña, el meloncillo o el tejón y algunas parejas de linces. En las zonas más altas, próximas al Pico Rocigalgo, es posible ver cabra montés; y entre los bosques frescos de roble y fresnos, a los tímidos corzos.
Durante el dominio señorial de la ciudad de Toledo sobre estos territorios (1246-1835), se realizaron diversas actividades con escasa incidencia en el medio, lo que ha jugado un papel importante en su conservación. Sin embargo, en los años posteriores buena parte de los Montes de Toledo fueron desamortizados, constituyéndose grandes fincas privadas en las que se inició una explotación agraria, ganadera y forestal más intensa; actividades que, junto a la caza, han dado forma a este paisaje.
Sin duda, una ruta que no podemos dejar de visitar por su riqueza cinegética, espectaculares parajes y rica gastronomía.

martes, 16 de junio de 2020

Condroictios del Mar de Alboran. Mi publicación en el libro Anuario de Estudios Motrileños. 1987











































Los condrictios (Chondrichthyes) son una clase de la superclase de los peces que se caracterizan por poseer un esqueleto de cartílago, una diferencia que tienen con los peces óseos.

Esta clase incluye a las subclases elasmobranquios (tiburones, rayas) y holocéfalos (quimeras).