domingo, 27 de enero de 2019

Armadas de rehalas. Mi artículo publicado en Caza Mayor en abril 2017.

*Este artículo se publicó en la revista Caza Mayor en abril de 2017. Las fotografías incluidas en el nada tienen que ver con lo reflejado en el artículo.




Armadas de rehalas

Texto y fotos: Félix Sánchez Montes.

“Rehalero: Dueño de una rehala que tiene como asalariado al perrero. Han puesto a todos los rehaleros en la misma armada.”
Mariano Aguayo
Vocabulario cordobés del monte y la montería

Prólogo

Muchos nuevos monteros, ven lógico y hasta natural, que en muchas monterías se establezcan, las que yo denomino “armadas de rehalas”, a las cuales, se manda a los rehaleros (dueños, o monteros que vienen en representación suya), y a veces a linderos. Para muchos de los viejos monteros, entre los que me incluyo, esta práctica no debería de hacerse, ya que las rehalas son la base de la montería tradicional y por tanto no se les debe relegar.


Esta temporada, asistí a una montería en una finca abierta de Sierra Morena, los pronósticos sobre el número de reses que se esperaban cobrar, eran muy positivos y el día se presentaba muy bueno, sin apenas viento y con un día radiante.

Tras el clásico desayuno montero, migas y café, me dispuse a observar el sorteo, el organizador de la montería, empezó a dar los datos de la finca, mancha a montear, puestos que se sorteaban y las consabidas pautas de seguridad.


Ya casi acabando su discurso, comentó que una de las armadas se completaría con los rehaleros y algunos linderos, y que esta, estaba situada en la linde de la finca, una armada de recula, o sea, una armada de cierre que se coloca en la suelta de los perros para evitar que las reses se salgan de la finca.

Estos, saldrían y sortearían los primeros, tras lo cual seguiría el sorteo por armadas.


La peor armada a priori, era, la que voy a llamar “armada de rehalas”, aunque ya se sabe que la caza es caprichosa y a veces no se cumplen los pronósticos. Pero al final de la jornada, los resultados me vinieron a dar la razón, pues, aunque se cobraron, en total, más de cien reses, en esta armada, muchos puestos no vieron ni “rabo”, y el resto obtuvo unos pobres resultados.


¿Cómo hemos llegado a esto?

Para intentar comprender las razones, hemos de hacer un poco de historia y ver la evolución de la montería tradicional española, y porqué, se ha llegado a estos nuevos usos y costumbres.

En mi juventud, y hablo de hace casi cincuenta años, las tradiciones en una montería diferían mucho de la actualidad.


Para comenzar, las monterías comerciales se empezaron a hacer en la década de los cincuenta, antes de esto, eran monterías exclusivamente por invitación de los propietarios de las fincas y se celebraban normalmente entre amigos y linderos, a veces, con la asistencia de alguna personalidad o bien algún compromiso pendiente.


Llegados al sorteo, los primeros en hacerlo eran siempre los dueños de las rehalas, para después sortear el resto. Esto se hacía así, por tradición ya que se entendía que las rehalas eran el alma de la montería tradicional, y sin ellas, no se podrían celebrar.


Eran otros tiempos, ni mejores ni peores, y los dueños de las rehalas tenían a su cargo a los perreros que cuidaban a sus perros, y que eran sus asalariados, viviendo en su finca y manteniendo las perreras, y a veces realizando trabajos puntuales en la finca.


Era tradición, entregar al comienzo de la montería a los perreros, después de presentar las rehalas a los monteros presentes, una bolsa con pan para los perros, pólvora y fulminantes para los trabucos.


Estos dueños de rehalas, no les llamo rehaleros, pues este término se usó con posterioridad, tenían un puesto reservado y normalmente los ocupaban ellos mismos. Pasado el tiempo, algunos de estos perreros se convirtieron en dueños de sus propias rehalas, y monteaban a cambio de lo que se denominaba “puesto y propina”, o sea, de un puesto que entrase a sorteo y una pequeña cantidad para resarcirse de los gastos.


Llegados a mediados de los setenta, comenzó el auge de las monterías comerciales, y con ello, que la demanda superase a la oferta, y por tanto el consiguiente encarecimiento de los puestos.


También, empezaron a crearse las primeras rehalas verdaderamente profesionales, que iban siempre alquiladas y no tenían derecho a puesto. Compartían el espacio con las llamadas “rehalas de catrecillo”, un nuevo concepto nacido en aquellos años y que consistía, en que una persona reunía una rehala y la mantenía, con el único fin de poder asistir a monterías con sus perros y conseguir puestos.


Pero como todo en esta vida, la cosa fue degenerando y se creaban rehalas con perros que se encontraban, con el único fin de conseguir un puesto, esto no duraba mucho, pues el engaño se destapaba pronto.


Otros, hicieron de esta práctica de las rehalas de catrecillo, una forma de conseguir un dinero extra, se trataba de vender el puesto que habían conseguido con su rehala a otra persona y a menor precio del que vendía el organizador de la montería.


Pero claro está, al aumentar los precios de los puestos ya no era rentable dar puestos a las rehalas asistentes, y menos aún, si estos puestos se vendían a un precio inferior de los que ofertaban las “orgánicas”.


¿La solución que se dio?, fácil, hacer que los propios rehaleros, tuviesen que vender los puestos que se les daba si querían cobrar por montear con sus perros.

Y para complicar aún más las cosas, la legislación en materia de rehalas se hizo cada vez más compleja y con muchos más requisitos, aumentando los importes de licencias y los gastos de mantenimiento de las rehalas. Esto hizo desaparecer muchas, y buenas rehalas.


No hace demasiados años, a algunas “orgánicas” se les ocurrió que, una buena idea para acabar con la obligación de pagar con un puesto a las rehalas que no iban alquiladas, era la de crear las que he llamado “armadas de rehalas”, donde se colocaba a todos los rehaleros en una de las, a priori, peores armadas de la mancha a montear. Y si no existía, pues se creaba un cierre y se les mandaba a todos allí. Con ello se lograba un doble objetivo, por una parte, no restar los mejores puestos de la montería, ya que los rehaleros no entraban en el sorteo general, y por otro lado, que el montero que pensase ahorrar un dinero comprando el puesto a una rehala, supiese que el puesto que ocuparía, no sería de los mejores, al estar situado en esta armada de rehalas.


Y eso, sin hablar que no todas las rehalas acuden, por lo general, con las mismas condiciones a muchas de las monterías que se dan, y si los rehaleros se enteran de que otros van en mejores condiciones que ellos, pues… actúan en consecuencia.


¿Podemos tener alternativas? 

A mi modo de ver, todo se puede solucionar con diálogo, buenas maneras y consenso en las cuestiones principales. 

Hoy en día, podemos señalar claramente que todas las rehalas pueden tener su espacio en una montería, aunque, no es lo mismo montear en abierto que en cercón, en una gran finca o en los terrenos comunales de una pequeña sociedad de cazadores. 


Y rehalas, hablando de las participantes en las monterías tradicionales, también las podemos clasificar en tres tipos principalmente: 

· Comerciales, con un claro fin comercial y que acuden a las monterías alquiladas y sin derecho a puesto, siendo en muchos casos la actividad principal del rehalero. 

· No comerciales, que acuden a las monterías por puesto y propina, en su caso no siendo esta la actividad principal del rehalero. 

· De sociedades de cazadores, que acuden a las monterías como socios, cobrando los gastos generales que les cause principalmente el traslado de la rehala (gasoil). 

Todas ellas cumpliendo la legalidad establecida y con todos los papeles en regla, como no podía ser de otra forma. 


¿Podrían hacerse desaparecer este tipo de armadas? 

Es difícil pero no imposible, tenemos que tener en cuenta, que ser rehalero no es un oficio, ni un trabajo regular y ni siquiera es una profesión de la que se pueda vivir todo el año. Los gastos superan con creces a los posibles ingresos en la gran mayoría de los casos. 


Ni la inmensa mayoría de rehaleros son profesionales, ni tampoco lo quieren ser. Pero lo que todos desean, es que se dignifique su trabajo y que se respete el mismo, y la creación de estas armadas de rehalas no creo que contribuya a ello. 

En las monterías sociales, solamente una vez he visto una de estas armadas de rehalas, pero en las monterías comerciales, es una práctica cada vez más en boga, por desgracia.


Pienso lo mismo que, en el apartado anterior sobre las alternativas, creo factible una solución nacida del entendimiento y el diálogo, sin que se perjudique a ninguna de las partes. Fácil no es, pero imposible tampoco. 


Conclusión 

El tiempo pasa inexorable y las costumbres varían, y no iba a ser la montería tradicional española una excepción. Se supone, que estos cambios deberían de ir como una mejora y no como un retroceso.


Si queremos que las tradiciones perduren, y en la caza aún perviven muchas, deberíamos solucionar los generadores de problemas, y este de las armadas de rehalas, es a mi parecer, uno de ellos. Genera tensiones, discusiones y mal ambiente, lo contrario de lo que debe de ser la caza. 

¡Buena caza y mucha suerte ¡


sábado, 19 de enero de 2019

5 errores que no debes cometer en las últimas monterías. Mis fotografías en el artículo de Caza Mayor y Cazavisión en enero 2019.

Con jabalíes y venados como principales objetivos cinegéticos.

(Texto: IA Sánchez / Fotos: Félix Sánchez Montes y Archivo)

Afrontamos la recta final de esta temporada de monterías 2019-20, una campaña que hasta ahora se ha resuelto con buenos registros de reses abatidas y calidad de trofeos. Quedan las últimas citas, para las que tenemos unos muy interesantes consejos.




Pero estos consejos, estas claves, que son cinco, no radican tanto en lo que hay que hacer para optimizar nuestros resultados monteros, sino en qué no se debe hacer, en cinco errores a evitar para cerrar de la mejor forma la temporada de monterías.

1 Bajar la guardia

Resulta curioso ver el cambio de actitud de algunos monteros al principio y al final de la campaña. Si en octubre y noviembre parecen culos inquietos, con el rifle en guardia, de pie junto a la silleta, mirando a izquierda y derecha, acariciando con el dedo índice el seguro prestos a quitarlo tan pronto como haga falta, en la recta final de la campaña ese estado de alerta se ha convertido en una pachorra digna de estudio.
Ahora esos mismos monteros están repanchingados en la silla, con el rifle apoyado en una chaparra a tres metros del puesto, más pendientes del móvil que del monte, cuando no sesteando al solete o con la capucha y el paraguas en ristre protegiéndose de la lluvia, ajenos a la montería.


Que no te venza la pereza, en apenas unas semanas se acabará la temporada, y no volverá hasta el otoño que viene, así que aprovecha esas últimas horas que te quedan de monte y trata de sacarles todo el partido que puedas.

2 Escatimar en munición

“Para un par de monterías que quedan no voy a comprar más balas; me quedan diez o doce, y además tengo otra media caja de las que tiraba antes, y alguna más suelta por ahí, y si no le pido balas a alguien…”.
Pues sí, esto es más habitual de lo que parece, y pocas cosas hay con menos sentido que retrasar a la temporada que viene la compra de balas que necesitamos ahora, ¡ni que se fueran a estropear!


Las balas no se pasan de un año para otro; si necesitas balas compra balas, las que no uses ahora te valdrán para octubre, pero eso de ir de montería con un popurrí de munición rescatada de diferentes cajones, cananas y morrales, o lo que es peor, con apenas media docena balas, es de una irresponsabilidad supina, y merecido tendrías quedarte sin balas para ver cómo después se colaba por tu puesto, despacito, a apenas 20 metros de distancia, el guarrazo de tu vida al trote cochinero.

3 Ir donde no solemos

El calendario no hay que completarlo por completarlo, y si por el motivo que sea en su momento decidimos no volver a cazar en un determinado sitio, o no volver a cazar con un determinado organizador, el hecho de que sea la última montería del año no nos debe empujar a hacerlo.


Si no nos gusta una mancha por ser demasiado llana, por estar las armadas demasiado juntas o los puestos demasiado a la vista, el hecho de que se acabe la temporada no la va a hacer más segura, y de igual forma si el organizador de turno no tiene la seriedad mínima exigible, no va a cambiar para bien en esta última cacería, es más, probablemente remate la faena con un bajonazo digno de recordar.
A cazar se va donde se caza a gusto y con quien se caza a gusto, y si no, no se va, es fácil.

4 Tirar a cualquier cosa

Si durante la temporada hemos dejado de tirar los guarros chicos, las cochinas cuando las hemos podido identificar, las ciervas o los venados de dos años, ¿por qué ahora que afrontamos la recta final vamos a tirarlos?


Rayones, cochinas con su prole, varetos y horquillones no los tiramos por ley, pero además de eso cada uno tiene su código ético particular, un código que nadie nos impone, que nos marcamos nosotros mismos, y que suele hacer referencia a lo que nos llena, a un sentimiento natural de superación.
Si ese cochinete de 35 kilos o ese venado de 8 puntas no te hacen ninguna ilusión, y ni tan siquiera te vas a llevar el trofeo, ¿es el hecho de que sean las últimas monterías del ejercicio motivo suficiente para abatirlos?

5 Contratar la temporada siguiente

Las temporadas se planean en frío, no en caliente. Una vez acabe ésta, nos quedan por delante muchos meses de descanso, o de practicar otras modalidades de caza; no hay prisa en cerrar monterías, ni paquetes, ni acciones.


Tan malo puede ser decidir en breve tras una temporada infructuosa como hacerlo tras una temporada exitosa; es tiempo de repasar el calendario pasado, de ver qué salió bien y qué salió mal, de quedar para cenar con compañeros y amigos y poner en común los éxitos y fracasos de la temporada, y de planear, con tiempo y con cabeza, la que viene. Las prisas nunca fueron buenas, y en esto de la caza menos aún.

Los mejores consejos de tiro a venados en montería. Mis fotografías en el artículo de Caza Mayor y Cazavisión en enero 2019.

14 CLAVES PARA OPTIMIZAR NUESTRAS OPCIONES DESDE LOS PUESTOS

(Texto: A. A.-Á. / Fotos: Félix Sánchez, Lolo Mialdea y iStock

Porque aún quedan fechas y venados como para cerrar la temporada montera de la mejor forma posible, aquí recogemos diez consejos con los que a buen seguro incrementaremos nuestros aciertos a los venados desde los puestos de montería.


1 Se ha producido un espectacular aumento en los últimos años de las capturas de venados, por lo que son muchos los cazadores que lo tienen ya como su objetivo venatorio. En monterías y batidas en las que se puedan tirar venados, deberemos tener en cuenta, antes de realizar el tiro, que no se trata de varetos, horquillones o ciervas, aunque en los últimos años, por sobrepoblación, se permita hacerlo sobre éstas.


2 Para muchos cazadores que no tienen demasiada experiencia, el contar las puntas de los venados se les antoja una ardua tarea cuando en realidad no lo es. Bastará con que contemos las puntas que tiene en la palma y le sumemos las otras tres que siempre debe tener, que son la luchadera, la contraluchadera y la punta central. A veces esto fallará, pues tendrá alguna punta rota o sus cuernas no son simétricas, pero en la mayoría de los casos la norma funciona y nos puede dar la pauta sobre el animal al que vamos a disparar.


3 Cada día son más habituales las monterías en las que tenemos un cupo, de modo que habremos de estar previamente informados de la calidad media que se da en la finca, no fuera a ser que disparásemos sobre un venado pensando que era bueno y luego resultase que en la finca los hay mucho mejores o, lo que suele ser más habitual, que ante las grandísimas perspectivas que la propiedad y la organización nos han dado sobre lacalidad de los venados, dejemos pasar buenos pensando que los hay mejores.


4 Los puestos en las monterías de venado pueden tener grandes tiraderos, dominando el cazador importantes extensiones de terreno, pero siempre hemos de ser conscientes que no estamos solos en la montería, por lo que respetaremos el terreno de los puestos colindantes, no cortando nunca las reses que entran a otro puesto.


5 Es bueno que cuando lleguemos, nos delimitemos mentalmente nuestro terreno y calculemos hasta dónde podemos disparar y dónde deberemos abstenernos de hacerlo, pues así evitaremos discusiones desagradables y cumpliremos con las más elementales normas monteras.


6 Los venados, sobre todo al final de la temporada (enero y febrero), suelen estar en pelotas, grupos numerosos, siendo común que entren en un puesto varios ejemplares a la vez. Si esto nos ocurre no debemos precipitarnos, y antes de disparar elegiremos el que a nuestro juicio es el mejor ejemplar.

7 Suele pasar que el venado bueno viene en el centro del grupo, tapándose con los demás, resultando sumamente difícil disparar sobre él, por lo que deberemos seguirlo y esperar el momento que nos ofrezca un buen blanco, sin correr el riesgo de alcanzar por error a otro de peor calidad, sobre todo si se contabiliza en el cupo que tengamos.


8 Una vez que hemos seleccionado a cuál vamos a tirar, debemos centrarnos en él y no dejarlo hasta que lo veamos abatido en el suelo, pues muchas veces ocurre que al ver que lo hemos alcanzado con el primer tiro, nos vamos con otro y al final no cobramos ni uno ni otro.

9 A los venados, al igual que al resto de especies que se cazan en montería, se les aplica la ley de la primera sangre, es decir, que la propiedad del trofeo se le adjudica al primer montero que puede demostrar que ha hecho sangre, aunque ésta sea insignificante o en un lugar en el que difícilmente se podría cobrar.


10 Pero eso no supone que no intentemos abatir al animal lo más limpia y rápidamente, ya que en el momento de disparar debemos procurar hacerlo de forma que muera lo más pronto posible, que no sufra una larga agonía, que a nadie nos gusta presenciar. Así pues, tirar en el momento oportuno, en el sitio adecuado y de la forma más precisa posible.

11 No nos dejemos engañar por el tamaño del cuerpo del ciervo, ya que en España es muy raro el ejemplar que sobrepasa los 150 kilos, y cuando apuntemos hagámoslo con detenimiento y teniendo siempre en cuenta que un venado a la carrera en un segundo recorre muchos metros, por lo que adelantaremos lo suficiente para colocar el tiro en una zona vital.


12 Las zonas vitales son, principalmente, el codillo y la zona de los pulmones. También lo será en la zona de la columna al cuello. Más atrás quedará inmovilizado, sin posibilidad de utilizar los cuartos traseros, pero si sólo lo alcanzamos en la tripa, en una pata o en el jamón, es muy fácil que acabemos por no cobrarlo.


13 La utilización de un accesorio tan simple como la vara, bípode o trípode nos puede deparar más de una alegría, pues nos permitirá asegurar el tiro, sobre todo cuando disparamos a largas distancias, posibilidad que en el caso de las monterías de venados se da en numerosas ocasiones.


14 Utilicemos siempre los calibres y las balas adecuadas para el peso del animal que vamos a cazar, teniendo en cuenta que no es igual disparar sobre un venado durante un rececho que hacerlo sobre uno a la carrera, atravesando la zona que dominamos desde el puesto a la máxima velocidad, con toda la adrenalina que produce la tensión acumulada en una montería, por lo que recomendamos calibres medios-altos que estén siempre por encima del .30-06, sin caer tampoco en el exceso.


sábado, 8 de diciembre de 2018

Me entrevista en la radio "El Morral del Cazador" para hablar sobre las rehalas. 30 noviembre 2018



"Muy buenas morraleros, aquí estamos una semana más al pie del cañón. Hoy hablaremos en primer lugar con Félix Sánchez Montes de la evolución de la rehala, de los perros y de la montería a los largo de estos últimos 50 años … lo que ha cambiado para bien y lo que ha cambiado para mal.

Y en segundo lugar estará con nosotros Eduardo Cornejo, Presidente de la Federación riojana de caza con el que trataremos un tema que no se le esta dando la importancia que tiene, y no es ni mas ni menos que la Iniciativa Legislativa Popular de Protección de los Animales aprobada la semana pasada por el Parlamento de la Rioja, la cual contempla normativas que afectan y atacan directamente al sector cinegético y dan poder a los animalistas

#vivalacaza #soymorralero"


viernes, 16 de noviembre de 2018

La montería como tradición. Mi artículo publicado en CAZAVISIÓN. Octubre 2018.

La montería como tradición

Los valores y tradiciones son fundamentales para que una actividad perdure en el tiempo, y la montería tradicional no es una excepción que confirme esta regla. En mi opinión, haber vivido el ambiente cazador desde la infancia es muy importante, aunque reconozco que se pueden incorporar personas al mundo montero sin tradición cazadora en su familia.

No suele ser lo habitual, aunque sí lo fue en el periodo comprendido entre principios de los años ochenta y el comienzo de la crisis a finales de la primera década de este siglo, donde proliferó la moda de montear -aunque no se tuviese ni idea de cómo se hacía- para poder cambiar el dinero negro en muchos casos o bien por el afán de destacar en determinados ámbitos, en otros.

Las fotografías de personas con los vasos de licor en las manos mientras se sentaban en los lomos de grandes reses abatidas -que no cazadas- en cercones, han pasado a formar parte del peor ejemplo de historia montera. Son estas mismas fotografías las que tanto daño han hecho y siguen haciendo a la montería tradicional, al presentarnos ante la sociedad como una actividad elitista y realizada en fincas cercadas, cosa que no es cierta en la gran mayoría de los casos.
Recuerdo cómo desde mi niñez, veía en casa de mis padres el ambiente que rodeaba la caza. Para mí era habitual esperar con impaciencia el fin de semana una vez se abría la temporada, con esa noche anterior a la salida al campo sin apenas dormir, con esa impaciencia porque llegase la mañana.

Y eso me sigue ocurriendo hoy en día, tras más de 50 años de práctica de esta actividad. ¿Y por qué me sigue ocurriendo? Para mí la respuesta es fácil: lo he mamado, tuve muy buenos maestros en el arte de la caza, empezando por mi padre, siguiendo por mi tío Lalo y muchos más. Sentí la pena de no haber conocido a mi abuelo Félix, gran montero, pero al menos me contaron todas sus aventuras de caza, incluidas las de mi bisabuelo.
En mi caso, tuve la suerte de ser hijo, nieto, bisnieto… de cazadores, y de ellos aprendí una cosa fundamental para mí, la tradición y el respeto por las normas que debe seguir una caza sostenible. Para mí la caza no es negocio, ni deporte, ya que no compito contra otros en el ejercicio de la misma. Si acaso, me considero cazador deportivo y respeto dentro de mis posibilidades el medio ambiente.

Pero eso sí, soy un firme defensor de las tradiciones en la caza y, en especial, en la montería tradicional española. Sin tradiciones ni respeto a unas reglas básicas de conducta (estén o no escritas), estamos abocados a desaparecer como cazadores, eso no lo dudo.

¿Cómo entender la caza si uno no estuvo de morralero muchos años?, ¿si no usó un arma hasta saber cómo se debía manejar con seguridad?, ¿si no aprendió de sus mayores las costumbres y los usos de la actividad venatoria? Se pueden aprender todas estas cosas por uno mismo, pero no es igual. Todo esto es lo que tenemos que transmitir a nuestra juventud.

Cada vez somos menos los que podemos transmitir estos conocimientos sobre los usos y costumbres de una actividad casi milenaria, la montería.

Una solución creo que pasaría por volver a recuperar el prestigio que teníamos antaño los cazadores. Éramos los ‘buenos’ en los cuentos infantiles, pero eso con Disney cambió y ahora somos los ‘malos’ de la película. Esto no ocurre en otros países de nuestro entorno, bastando con ver lo que sucede en Alemania, Francia o Austria, por ejemplo, donde el prestigio del cazador apenas si disminuyó gracias a que han sabido conservar sus tradiciones venatorias.
Pero en España es distinto, pues arrastramos el estigma de la muerte, la idea errónea de que solamente salimos al campo a matar y derramar sangre. Y eso no es así.

Los tiempos han cambiado y nosotros, los cazadores, debemos cambiar con ellos, haciendo ver a la sociedad nuestras tradiciones y costumbres, pero desde una óptica de respeto al medio ambiente.

Desde estas líneas abogo por la defensa de las tradiciones en la caza, sobre todo en la montería, para dar a conocer lo que de verdad es aquello tan sabido de “cazar no es matar”. Es algo más y aún estamos a tiempo de solucionarlo. Esperemos que las propuestas de declaración BIC de la montería y la rehala en Andalucía y Extremadura tengan pronto resultados positivos, ya que sería la solución a su continuidad.

Está en nuestras manos conseguirlo, necesitamos unión para lograrlo. Tenemos la tarea de preservar la caza y sus tradiciones para las generaciones futuras. La caza no es solamente negocio, como parece que nos quieren hacer ver, ni deporte, ni solamente tradiciones, sino todo un compendio de ello y algo más, es pasión, afición por una actividad que nos acerca más a la naturaleza con el objetivo de conseguir la captura de la pieza, pero sin olvidar que su muerte es una consecuencia de la caza y no su fin.


(Texto y fotos: Félix Sánchez Montes)

lunes, 5 de noviembre de 2018

¡ 48 años no es nada !

¡ 48 años no es nada !

48 años ya de montero, mi noviazgo en la finca Fuentevieja (Córdoba), un 5 de noviembre de 1.970.





Armada del Carril de Prado Gallegos, abatí un venado que venía lanzado seguido de los perros de la rehala, fue al saltar un pequeño arroyo seco donde con mi escopeta Victor Sarasqueta del calibre 16 , que aún uso, lo pude derribar.

Un tiro precioso casi en el codillo. Un día inolvidable en una finca inolvidable.