jueves, 8 de agosto de 2019

¡ Sí, yo soy cazador ! Gran artículo de mi amigo Rafael Vila, en el primer aniversario de su fallecimiento.

Rafael Vila 

En memoria de mi gran amigo, fallecido ayer, Rafael Vila. ¡¡¡SÍ, YO SOY CAZADOR!!!. Artículo de Rafael Vila
Este artículo lo publiqué el 3 de agosto de 2015, y quiero que sirva de homenaje a uno de mis amigos, gran montero y mejor persona, Rafael Vila. Hoy estará en la traviesa del cielo monteando con los grandes monteros que se fueron antes que él, ¡Descanse en paz¡
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¡¡¡ SÍ, YO SOY CAZADOR !!! 

Sí, sí, es así. Y además no me avergüenzo de mi contundencia ni de esos signos exclamatorios por más que en los tiempos que corren puedan llegar a ser hasta socialmente peligrosos. Pero es que voy a ir incluso mucho más allá, porque no es ya sólo que no me avergüence –faltaría más-, sino que me llena de orgullo el serlo por más de una infinidad de razones –acabo de decir razones y no millones ni subvenciones- que llevo muy dentro de “mi corazón” -perdón, que aunque es sentido figurado no deja de ser un órgano corpóreo vital-, quería decir de “mi alma”… Esas mismas que la han ayudado a dar su verdadero sentido a mi vida. 

Sinceramente creo que desde un punto vista racional podría dar más de una infinidad de razones tanto históricas como actualmente económicas, sociales, vitales y, hasta si se quiere, ecologistas y medioambientales en defensa de la caza. Pero no, hoy no lo haré, todo ello me lo guardo de momento para mí que seguro que tendré tiempo de hacerlo. 

Por eso hoy sólo me gustaría hablar de mí y de mis sentimientos cinegéticos personales, de esos que hoy ya muchos inadmiten ab initio –perdón, es pura deformación profesional- y rechazan de plano sin escucharlos por el simple hecho de ser eso mismo, o sea, cinegéticos. Pues no, yo personalmente y siempre dentro desde el respeto, no renunciaré al derecho que creo que me asiste a expresarlos, más que nada porque por más que hayan cambiado tanto las cosas, quienes se dicen invadidos de otros totalmente contrarios no dejan de expresarlos y, en ocasiones, hasta airadamente y con bastante violencia, al menos, verbal. Y aquí se supone que estamos en democracia y, aunque mi sentimiento está muy pero que muy por encima de cualquier sistema de Estado y de Gobierno y ya puestos, hasta de la maldita política que tanto daño ha hecho y sigue haciendo, creo que eso garantiza el que todos tengamos derecho a expresar lo que sentimos… Lo voy a decir algo más claro: aquí “o jugamos todos o pinchamos la pelota”. Y ya adelanto que yo soy uno de esos de los que juega y además fuerte, porque cuando se trata de sentimientos y vida siempre respondo con los que tengo y con la que ya he vivido y aún hoy, afortunadamente, sigo viviendo. 

Acompañado de Félix Sánchez en Las Mesas de Mialdea 

Pues eso, que soy cazador y montero a mucha honra, pero no me considero sólo eso porque pienso que también por el hecho de serlo soy aún más ecologista y amante del campo y la naturaleza -con todo lo que ello conlleva, que no es poco- que muchos de los que, con más apariencia que fundamento, se precian de serlo. Sí, sí, es así aunque pueda parecer contradictorio, porque cuando uno es capaz de llegar a sentir la misma emoción tirando un venado en montería que observándolo en época de berrea; viendo desde el coche a ese conejo que cruza confundido el camino y al que evitas de un volantazo para salvarle la vida por más que después vayas al desconejo en verano; disfrutando del ruido del aleteo de la paloma contra su chaparro cuando rompe sus sesteo por más que siempre esperes que llegue esa tan ansiada media veda; o cuando uno es igualmente capaz de evitar hacer daño a lagartos, culebras y hasta víboras –esos reptiles que generalmente son tan odiados y a los que la mayoría de los no cazadores matarían si tuvieran ocasión de hacerlo-; de respetar a las especies protegidas aunque no acabe de entender porqué se protege a bastantes que no están realmente en peligro y, sobre todo, cómo puede llegarse a proteger a algunas especies alóctonas –aclaro, por si acaso alguien que lea esto no lo sabe, que viene a significar que ni nacieron, ni se criaron, ni vivieron jamás antes aquí; son introducidas de muy diversas maneras y algunas de ellas hasta ponen en serio peligro nuestros propios ecosistemas-; de disfrutar recogiendo ese corcho sobrante del descorche del alcornoque para montar el Belén en Navidad, de vibrar con el canto de la patirroja aunque no seas cuquillero; de andar siempre que puedes entre chaparros, jaras, lentiscos, coscojas, romeros, jaguarzos, retamas, madroñeras, pasto y hasta abulagas –esas que se llamen como cada uno las quiera llamar pinchan de verdad- sin encontrarte casi nunca a nadie y, por supuesto, disfrutando de todos esos animales con los que te cruzas sin necesidad de más; de sentir la ilusión que te hace buscar en su tiempo algún que otro espárrago que te de para una tortilla y, sobre todo, de admirar siempre el cielo sin dejar de mirar nunca al suelo porque te da igual sudar que empaparte y hasta enfangarte que caerte... Estás allí, en el campo, en tu campo, ese mismo que te llega dentro con tanta fuerza que te hace sentirte parte de él. 

Pues eso, que soy cazador, montero, amante del campo y la naturaleza y hasta ecologista. Veréis, yo me crié en la ciudad pero la vida me la daba el campo, la naturaleza y algo que es consustancial a ambas, la caza. De hecho, fue esta última quien me hizo comprender, entre otras muchas cosas, lo que en realidad significaban las otras dos. Recuerdo que, cuando empecé a recibir mi siempre gratificante paga, parte de ella fue para comprarme el primer libro en la ya tristemente desaparecida librería Luque de Gondomar. ¿Sabéis cuál fue?... Pues la Guía de las Rapaces Ibéricas, especies que hasta donde yo se, ni eran entonces ni hoy son cinegéticas. Era apasionante y aprendí bastante de ellas, de las diurnas y de las nocturnas, del Águila Real, de la Imperial, de la Calzada, de la Culebrera, de los Buitres (el tan común Leonado y el amenazado Negro), del Alimoche, del Azor, del increíble Quebrantahuesos, de los gavilanes, milanos, cernícalos y halcones, del Buho Real, del Chico, del Cárabo, de las lechuzas Común y Campestre, del Autillo y hasta del Mochuelo, y eso que sabía que a muchas de ellas probablemente nunca llegaría a encontrármelas en mi campo en la vida. Después coleccioné aquellos míticos Cuadernos de Campo de Félix –perdón Félix por la confianza- y también aquellos fascículos –posiblemente haya algunos que aún no sepan que existía eso de los fascículos- que a modo de enciclopedia semanal el propio Félix iba sacando todos los años, aún sabiendo que difícilmente podría llegar siquiera a ver a la mayoría de esas especies en mi vida. Veía siempre su serie El Hombre y la Tierra –faltaría más- porque era lo único que por aquella época existía en televisión relacionado con el campo, los animales y la naturaleza en general. Francamente, no creo que llegue a haber otro como Él, más que nada porque hoy se pueden hacer fácilmente muchas cosas, pero lo difícil era hacerlo entonces y en esas condiciones. También me empapaba de todos los libros de caza que por entonces ya tenía Mi Padre –sí, con las mayúsculas que merece- y de algunos otros bastantes ya históricos que le pedía a los “Reyes Magos” y que hasta me seguía comprando cuando podía con mi paga –llámese, y es sólo a título de ejemplo porque afortunadamente tengo algunos bastantes más, Narraciones de Caza Mayor en Cazorla de González Ripoll, Diario de un Cazador de Delibes y la trilogía Umbría y Solana de Urquijo-; y también por entonces, escopeta en mano, empezaba con el desconejo en junio, con las tórtolas y palomas en media veda y ya, cuando llegaba octubre, no paraba de montear hasta febrero. Y el caso es que disfrutaba mucho con todo ello porque jamás vi siquiera atisbo alguno de incompatibilidad, sino más bien un nexo común que era el amor y el respeto por el campo. Y le pese a quien le pese, el campo es tan agradecido como cruel en su propia naturaleza, esencia y existencia, y así fue siempre y así es como tiene que seguir siendo, más que nada porque necesita tanto de sus animales como de su caza. Y él, que es sabio, lo sabe. 

Con Lolo Mialdea 

No quiero entrar más en todo lo que aprendí ni he seguido aprendiendo con el paso de los años, porque ello sólo me llevaría a tener que manifestar eso tan increíblemente cierto que ya dijo con cierta ironía el sabio Sócrates en la antigüedad: Sólo se que no se nada. Pero no es menos cierto que yo a estas alturas, en esta ocasión y en este tema lo completaría algo más: Puede que no sepa nada, pero en estos tiempos hay muchos que ni siquiera llegan a saber que significa realmente saber nada, que aunque parezca mentira es mucho más de lo que ellos saben o pretenden saber. 

Y como me estoy extendiendo como siempre demasiado –yo soy así- me gustaría abreviar haciendo un compendio de algunos adjetivos que no son sino expresión de los muchos sentimientos que me han enseñado y ayudado a comprender mucho mejor tanto el campo como la caza y la montería: respeto, honestidad, amistad, muerte, vida, ayuda, compañerismo, egoísmo, mentira, verdad, sufrimiento, desolación, alegría, falsedad, interés, desconsuelo, riqueza, desazón, fraternalidad, llanto, sonrisa, felicidad, fracaso, honradez, y tantos y tantos otros que podría poner y todos ellos envueltos en lluvia, viento, frío, calor y algunas otras condiciones meteorológicas más y no siempre del todo adversas. Pero aún hay cuatro que en esta todavía escasa relación no he puesto y que son para mí quizás los más importantes: SENTIMIENTO PURO, CONCIENCIA LIMPIA, HUMILDAD y DIGNIDAD. 

¡¡¡Ah, una cosa más!!!... He leído algo últimamente que de verdad me ha alarmado y bastante, porque por lo visto algunos “iluminados” que jamás han estudiado ni se han preocupado de documentarse sobre esto, que no saben distinguir una jara de una retama, ni un venado de un gamo, ni lo que es en realidad un humedal y a qué humedales van, por ejemplo, las malvasías –especie protegida desde hace muchos años-, ni si existe superpoblación de conejos en las vías del AVE, ni siquiera si gracias a la caza y a los cazadores hoy viven en las sierras de toda España muchos más venados, cochinos, gamos y muflones –es sólo un ejemplo- que en toda su historia desde que la caza existe –es pura estadística-, ni tantas y tantas cosas más, han llegado a decir que los cazadores somos simplemente “ASESINOS DE PERSONAS EN POTENCIA”, durísima y gravísima expresión rayana en la antijuridicidad que indudable daña, entre otras bastantes cosas, la dignidad personal. Quizás no sirva para mucho pero les voy a contestar –y aún así de momento me voy a dejar bastante dentro- y no porque lo merezcan, sino por puro sentimiento de respeto hacia esa mi propia dignidad personal. 

Ahí va. Yo soy cazador y montero –ahora obviaré eso de amante del campo, de la naturaleza y hasta ecologista que como ya he dicho va intrínsecamente unido a esa maravillosa condición de la que me siento más que orgulloso-, tengo esposa y dos hijos, soy abogado de profesión y en mi vida sólo me he dedicado a intentar sacar todo adelante en la medida que mis posibilidades me han ido ofreciendo cada momento y, por cierto, ellos me quieren porque jamás les he hecho daño y, por supuesto, no me tienen ningún miedo; he ayudado a cuantos he podido en la medida que también mis posibilidades me permitían hacerlo y creo que ellos tampoco me tienen ningún miedo; y he hecho algunas cosas más que podría decir y hasta probar –yo no soy de esos indocumentados que hablan gratis y sin conocimiento alguno- sin necesidad de causar miedo ni daño a nadie; y también algunas buenas personas de esas que aunque cazan no dan miedo ni hacen daño me han ayudado a mí cuando más lo necesitaba; por todo ello jamás de los jamases sería capaz -¡¡¡Qué barbaridad, por favor y hasta por Dios!!!-, no ya de matar, sino siquiera de hacer el más mínimo daño a ninguna persona sino todo lo contrario. Es más, a estas alturas ya ni siquiera de hacérselo a ningún animal si no siento lance de por medio, porque la pura verdad, ahora que ya ni cazo ni monteo tanto, es que me gusta más que nunca verlos pastar, comer, echarse y hasta correr y volar tranquilos y no siento necesidad de nada más. Pero cuando voy a cazar o montear soy yo el que decido cuándo sí y cuando no, cuestión que, por otra parte, tampoco es decidir mucho, porque cuando lo intento no siempre ni mucho menos lo consigo. Y eso sí porque lo llevo dentro, cuando hay lance y decido acabarlo, me siento más que orgulloso de que acabe bien, más que nada porque eso forma parte de mi vida y de mi sentimiento y, sobre todo, de la caza, de la montería, del campo y de la naturaleza –no he podido obviarlo del todo-, y todos ellos juntos me han enseñado lo que en realidad significa esa vida y ese sentimiento. 

Hay que estudiar y documentarse bastante más señores recién llegados, que los efectos mediáticos duran lo justo ante lo que es algo que va intrínsecamente unido a la propia vida y esencia del hombre desde que existe. Conozco a muchos ecologistas de los de verdad con bastante prestigio y aún más conocimiento que, no siendo cazadores, siempre coinciden en una cosa: la caza, por más que no les guste ni la practiquen, es tan necesaria como la vida misma; y por esa razón la respetan. Lástima que desgraciadamente no sean todos así. 

Con su hijo en 2012 

Pero como yo de momento no tengo la suficiente categoría personal como para equipararme a algunos de ellos me gustaría terminar, por si a alguno de estos iluminados y recién llegados anticaza le pudiera servir de algo, que francamente lo dudo, con algo que dijo un naturalista de verdad y tan histórico como inigualable como lo fue mi querido y hasta añorado Félix Rodríguez de la Fuente –y ahora sí que le pongo sus apellidos porque la aparente confianza espontánea y momentánea jamás puede olvidar en el fondo mi profundísimo respeto a su persona, a su trabajo y a lo que en su momento consiguió hacer-, prologando la ENCICLOPEDIA DE LA CAZA que Ediciones Vergara publicó allá por el año 1969: 


“Cuando un naturalista que dedica la vida al estudio y protección de la naturaleza toma la pluma para prologar una enciclopedia de caza, necesariamente ha de hacerse una pregunta. ¿Es justo que el zoólogo, el proteccionista, el amigo de los animales, abra las páginas de un libro que, de manera tan rigurosa como atractiva, describe las técnicas de la persecución, el acoso y la muerte de las criaturas salvajes? 

El naturalista, con toda sinceridad, no tiene más remedio que responderse afirmativamente: puede y debe introducir al lector en las artes venatorias. Primero, porque él mismo llegó a conocer y a querer los animales siguiendo las venturosas sendas del cazador. Y, sobre todo, porque la caza, lo que los científicos llaman la predación, ha venido constituyendo el resorte supremo de la vida desde que ésta apareció sobre nuestro planeta. Porque el cazador, si mata siguiendo las rígidas e inmutables leyes que ha impuesto la naturaleza a la gran estirpe de los predatores, regula, con su acción, y dirige, al mismo tiempo, el complejísimo concierto de las especies: el equilibrio entre los vivos y los muertos”. 

Pues sí, soy cazador, montero y amante del campo y de la naturaleza. Y no es que lo diga a mucha honra que también, es que lo llevo a gala allá por donde vaya., más que nada porque fue la caza la que me enseñó lo que de verdad era el campo cuando muestra toda su fuerza; esa misma fuerza que, entre otras muchas otras cosas, me une hoy día con mi hijo tanto como en su momento me unió para siempre a Mi Padre, el mismo que, a día de hoy, sigue monteando allá por el cielo con Alatriste*. 

Rafael Vila 

2 de agosto de 2015

*Alatriste fue el perro puntero de la rehala de Miguel Feijoo

lunes, 5 de agosto de 2019

De Somiedo a Babia. Mi 6º artículo publicado en ABC de la Caza. 5 de agosto 2019




RUTA CINEGÉTICA

De Somiedo a Babia, un paraiso natural.

Esta ruta fue usada como cazadero por los reyes de Asturias y León



Parque Natural de Somiedo, en el suroccidente de Asturias

Félix Sánchez Montes

Esta ruta incluye dos zonas limítrofes, Somiedo en Asturias y Babia en León, más algunos valles colindantes. Somiedo, centro occidental de la montaña asturiana, cuenta en total con 292 kilómetros cuadrados que comprenden cuatro valles: Pigüeña, Somiedo, Valle de Lago y Salinencia, lindando al sur con la comarca de Babia y Laciana. Un paraíso natural de montaña donde se puede disfrutar de la caza en su auténtica esencia.



Los hayedos son los bosques más frecuentes y ocupan un total de 4.554 hectáreas distribuidas en la franja comprendida entre los 600 y los 1.000 metros de altitud, principalmente en las laderas. Otros bosques presentes en la zona son los robledales de Roble Albar, los del Rebollo, los abedulares, los bosques frescos de fondo de valle, las alisedas y los encinares. Las comunidades de matorral y las formaciones herbáceas son, por lo general, producidas y mantenidas por el hombre para favorecer la actividad ganadera, de lo que la caza se beneficia.

Babia es una tierra de tal belleza que se entiende que encontrarse en ella se convirtiera en sinónimo de estar absorto. Limita al norte con Asturias, al este con Luna, al sur con Omaña y al oeste con Laciana. Inmensas moles calizas y muchos lagos y embalses custodian este inmenso valle. Entre su vegetación atlántica y mediterránea destaca el sabinar de Mirantes de Luna, límite occidental de esta especie en Europa. El rececho del rebeco cantábrico en estos espectaculares parajes de alta montaña hacen de esta especialidad una aventura cinegética difícilmente olvidable. La oportunidad de ver osos o lobos mientras se realiza es otro de sus alicientes. Jabalíes en batidas con perros de rastro, perdices al salto, liebres al rastro, corzos a rececho y los grandes ciervos en berrea son otras formas de caza practicadas en la zona.

Esta ruta fue usada como cazadero por los reyes de Asturias y León. Hoy, de las 16 reservas de caza existentes en España, trece de ellas se encuentran en esta zona o sus inmediaciones.



domingo, 4 de agosto de 2019

1960. Noticias de lobos. Barco de Ávila. Un pastorcillo se enfrenta a cinco lobos. Saja (Santander). Pepe el de Fresneda lleva cobrados 65 lobos.

Noticias sobre lobos (abril 1960)
Artículo aparecido en la desaparecida revista "Caza y Pesca", en Abril de 1960.

PEPE EL DE FRESNEDA LLEVA COBRADOS SESENTA Y CINCO LOBOS

El alimañero oficial José Gutiérrez Guttiérres (más conocido como Pepe el de Fresneda) ha presentado en el Sindicato de Ganadería una pareja de lobos, que consiguió coger con cepo y rematar a palos, en el collado de La Lama, del monte de Sajá (Santander).
Con esta captura se eleva a 65 el número de lobos muertos por este guarda montañés. En el Sindicato de Ganadería le fué otorgado el premio de 6.000 pesetas y un certificado de 700 puntos para el premio nacional que se otorgará a fin de año.
Estos lobos han sido exhibidos por José Gutiérrez Gutiérrez en la Feria de Ganados del Valle de Cabuérniga.

UN PASTORCILLO SE ENFRENTA A CINCO LOBOS

En el partido de Barco de Ávila (Ávila) y proximidades de Angostura, cinco lobos bajaron al llano para atacar a un rebaño de setenta ovejas que marchaban con dirección al pueblo cuidadas por el zagal de quince años , Nicolás Pérez.
Lejos de amedrentarse el zagalillo se interpuso e hizo frente a las alimañas utilizando piedras primero y luego el cayado que llevaba.
Ante esta actitud los lobos huyeron y poco después otra manada mató a una cabra. Durante la noche penetraron en la garganta de Horcajo de Rivera, acometiendo a cinco vacas, una de las cuales murió, resultando heridas las restantes.

viernes, 19 de julio de 2019

¿Rehaleros o perreros? ¿Cómo cree que deberían denominarse?


Perreros en la década de los 50 del pasado siglo (Fuente: Archivo de Félix Sánchez)

A lo largo de los años y dentro de nuestra montería tradicional uno de los cambios más notables ha sido el de las rehalas, que en mi juventud se les llamaba perreros, sin ningún desdén.

Hoy sólo se escucha denominarlos como rehaleros y es raro escuchar la denominación de perreros.

Lo que es cierto es que sin rehalas no existiría la montería, no tendría sentido, pero también es verdad que ha cambiado mucho en no demasiados años.

Perrero con su trabuco y su caracola, estampa ya desaparecida de nuestras sierras (Fuente: Revista Trofeo Caza y Conservación)


Yo empecé a montear al final de la década de los años sesenta del pasado siglo, por entonces cuando monteabas sabias de quien eran los perros que veías desde tu puesto, conocías a las rehalas por los collares que portaban, a los perros punteros por sus nombres, a los perreros por sus nombres (la más de las veces por sus apodos) y a quien pertenecía la rehala.

Rehala, año 1930. (Fuente: Ayto. de Cardeña. Córdoba)

Hoy en día vas a una montería y no sabes (salvo contadas excepciones) ni el nombre de las rehalas, ni cómo se llaman los perreros, ni mucho menos a quien pertenecen.
Perreros a caballo, año 1930. (Fuente: Ayto. de Cardeña. Córdoba)

Perrero, año 1930. (Fuente: Ayto. de Cardeña. Córdoba)

Pero esto es ya otra historia ...


jueves, 18 de julio de 2019

Sierra Morena cordobesa. De Hornachuelos a Cardeña y Montoro. Mi 4º artículo publicado en ABC de la Caza. 3 de junio 2019


RUTAS CINEGÉTICAS

Sierra Morena cordobesa: de Hornachuelos a Cardeña y Montoro
Félix Sánchez Montes

Zona cercana al río Bembezar, en la Sierra Morena cordobesa - F. S. M.
Extracto del artículo
Con las anteriores crónicas sobre Hornachuelos, Montoro y Cardeña, hemos cubierto tan solo el 30 por ciento de la superficie que se montea por estos lares. Pero varias de las mejores fincas de caza mayor serán situadas en esta entrega y en dos próximas que versarán sobre el Valle de los Pedroches y la Sierra Morena occidental cordobesa. 
Traemos hoy una nutrida serie de fincas cercanas a la capital, en general más pequeñas, y sin cercar, que en otras zonas de la provincia. En ellas, una bala que no se entierre bien podría caer en el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral; y otras, tan bien o mejor conservadas que las sitas en los parques naturales. 
Hasta hace no mucho aún se monteaba el campo de tiro del Muriano, convirtiendo aquello, por lo peligroso, en cuna de venados míticos. Mariano Aguayo, el más grande de nuestros escritores cinegéticos cordobeses, cuenta como muy cerca del Santuario de la Virgen de Linares se mató el último lobo que rondó Córdoba capital, allá por los últimos años cincuenta, que andaba empicado en las ovejas de un pastor. 
En esta ruta hemos incluido las 40.000 hectáreas de Zona Especial de Conservación (ZEC) del Guadalmellato, más otras 30.000 al sureste del Parque Natural de Hornachuelos, zonas periurbanas de Córdoba capital y zona sur de Villanueva de Córdoba; comprendiendo las zonas de Sierra Morena situadas entre los parques naturales de Cardeña-Montoro y Hornachuelos. 
Gran parte del territorio está formado por monte bajo mediterráneo y dehesas clareadas de encina. Las áreas agrícolas, un 50 por ciento, son principalmente de olivar, de regadío y secano. Las áreas forestales y naturales representan aproximadamente el 40 por ciento; y en cuanto a las masas arboladas, están formadas principalmente por encina y coníferas de Pinus pinea y Pinus pinaster. El 10 por ciento restante correspondería a zona urbana y humedales. Aquí, una de las principales actividades económicas es la cinegética, que atrae a cazadores de diversos lugares, de los cuales más de la mitad busca la caza mayor, enfocada mayoritariamente hacia el ciervo y el jabalí. 
Respecto a la caza menor, el conejo, la paloma torcaz, la tórtola común y el zorzal son las especies más destacables. 

Al impresionante patrimonio natural hay que sumar el interés cultural, turístico y de ocio de la capital cordobesa y sus alrededores.

Plano de la zona dibujado por Pablo Capote



Edición impresa






lunes, 15 de julio de 2019

Prevención de riesgos en la caza



Prólogo 

La caza es una actividad que al practicarse en lugares abiertos con superficies irregulares y usando armas, no está en absoluto exenta de riesgos. Para evitarlos, debemos de extremar todas las precauciones posibles y así reducir, dentro de lo posible, los accidentes. Muchas de estas acciones para prevenir estos accidentes, están reglamentadas y tenemos el deber de conocerlas, si queremos practicar sin riesgos la caza. 


De igual modo, todos los responsables de cualquier actividad cinegética realizada en grupo, deben de informar a los participantes antes de comenzar, de los riesgos y medidas pertinentes para evitar accidentes, así como de cualquier otra particularidad que pueda provocar riesgos, siendo estas normas de seguridad, de obligado cumplimiento. 


No voy a entrar a explicar de forma exhaustiva, la gran cantidad de situaciones que nos pueden llevar a una situación de riego, solamente me centraré en los que considero más importantes, dejando para otra ocasión el entrar de forma más extensa en estos temas, en especial el de las caídas, condiciones meteorológicas, riesgos biológicos por el manejo de animales y las causas naturales.

Accidentes de tráfico 

Son los causantes de aproximadamente un tercio de los accidentes que se producen en el ejercicio de la caza. Un buen porcentaje de ellos, producidos a la ida o a la vuelta del lugar donde vamos a practicar nuestra afición, causados tanto por las condiciones meteorológicas (viento, lluvia, hielo, nieve), como por fatiga o distracción, en especial al volver, ya que acumulamos el cansancio de todo el día y ello aumenta el riesgo. 

La prudencia y el respeto por las normas de circulación, es fundamental, así como olvidarse de las prisas, si no queremos tener un percance. 


Si conducimos por caminos y pistas forestales, el riego se convierte en elevado, suelos mojados o helados, irregulares y con todo tipo de obstáculos, sin olvidarnos de barrancos y terrenos poco firmes. Por tanto, es muy importante saber cómo se debe conducir por este tipo de terrenos, aparte de llevar un vehículo preparado para ello. 

La velocidad a la que circulamos, debe de ser moderada, pues en cualquier momento, podemos encontrarnos con un obstáculo o un animal que se nos cruce, la prudencia en este caso es nuestra aliada, ya que somos nosotros quienes conducimos y debemos tomar la decisión adecuada en cada caso. 

Y no olvidar respetar el medio ambiente, se debe evitar ir circulando por zonas prohibidas o campo a través. Y por último, nunca debemos circular por estos caminos después de haber comido, o haber ingerido alcohol o drogas, ya que ello limitaría nuestros reflejos. 


Seguridad en las cacerías 

Tomemos por ejemplo, las normas de seguridad, que toda persona que esté cazando debe conocer y aplicar y que están recogidas por la Junta de Andalucía: 

· “Cuando se avisten grupos de cazadores que marchen en sentido contrario, o vayan a cruzarse, será obligatorio descargar las armas cuando tales grupos se encuentren a menos de 50 metros unos de otros, y en tanto se mantengan de frente respecto al otro grupo. 

· Cuando se organicen monterías, ojeos o batidas colectivas, no se podrán disparar las armas hasta que se haya dado la señal convenida para ello, ni hacerlo una vez terminada la cacería. 

· En el caso anterior, se prohíbe el cambio o abandono de los puestos de los cazadores y sus auxiliares durante la cacería, haciéndolo solamente, llegado el caso, con conocimiento del organizador de la misma o de sus representantes debidamente autorizados. 

· Se prohíbe tener cargadas las armas antes de llegar a la postura o después de abandonarla. 

· En los ojeos de caza menor y en las tiradas de tórtolas, palomas y aves acuáticas, deberá colocarse los puestos o pantallas distanciados por lo menos 30 metros unos de otros, quedando prohibido el tiro en dirección a las demás pantallas. 

· En las cacerías señaladas en el apartado anterior, deberán colocarse placas de protección a los lados de cada puesto, cuando estos se encuentren a una distancia inferior a 50 metros unos de otros, a una altura conveniente de modo que cubran perfectamente los puestos inmediatos. 

· Salvo indicación expresa, los ojeadores o batidores no deberán acercarse a menos de 50 metros de las posiciones de tiro de los cazadores. Por su parte, estos no dispararán en dirección a la línea de batidores cuando esta se encuentre a menos de 80 metros de los cazadores. 

· En las monterías, se colocarán los puestos de modo que queden siempre desenfilados o protegidos de los disparos de los demás cazadores, procurando aprovechar a tal efecto los accidentes del terreno. En su defecto, los puestos deberán situarse a más de 250 metros. 

· Cada postor deberá explicar antes de empezar la cacería, a todos los cazadores que coloque, el campo de tiro permitido, y estos se abstendrán de disparar fuera de él y especialmente en dirección de los demás puestos que tenga a la vista. Cada cazador está obligado a establecer acuerdo visual y verbal con los más próximos para señalar su posición. 

· Con carácter general se prohíbe disparar hacia la zona de seguridad (carreteras, vías férreas, núcleos habitados …), siempre que el cazador no se encuentre separado de ellas por una distancia mayor de la que puede alcanzar el proyectil o que la configuración del terreno actúe de pantalla. 

· Se prohíbe disparar en dirección a los lugares en que se encuentren rebaños, hatos, recuas o cualquier otra concentración de ganado, bien se halle pastando o siendo conducido, salvo que se haga a distancia superior a la del alcance del proyectil. 

· El organizador o responsable de la actividad cinegética debe de comunicar las normas de seguridad en las cacerías a todos los participantes. 

· En todo momento se deberá hacer cumplimiento de las limitaciones y prohibiciones en beneficio de la caza y medidas de seguridad, recogidas en el artículo 55 de la ley 8/2003, de la flora y la fauna silvestres.” 

En otras comunidades existes normas similares en su legislación cinegética, y es nuestra obligación conocerlas y cumplirlas. 

Podríamos añadir algunas normas básicas, en especial, a lo referente a no disparar a los visos en las monterías, y siempre cerciorarse de “enterrar” la bala al disparar, o evitar los rebotes al hacerlo sobre zonas rocosas. 


Normas básicas para el uso de armas de fuego 

· Ver y hacerse ver. 

· Abrir o descargar el arma al efectuar una maniobra de riesgo (vadear, saltar). 

· Nunca disparar en dirección a otros puestos. 

· Marcar bien la zona de tiro. 

· Nunca abandonar el puesto. 

· Nunca disparar al bulto que se mueve en el monte. 

· Mantener el dedo fuera del disparador hasta que se vaya a efectuar el disparo. 

· El seguro del arma siempre puesto hasta proceder a disparar, en mano se puede hacer con algo de práctica. 

· El arma desenfundada y descargada hasta que se vaya a usar. Nunca llevarla cargada en el coche. 

· Antes de disparar asegurarse de lo que hay detrás. 

· Medir la distancia entre la presa y los perros antes de disparar. 

· Asegurarse que tras una caída del arma esta no tiene los cañones obturados. 

· No dirigir nunca un arma hacia nadie. 

· No usar el visor del arma para observar los puestos vecinos. 

· Si disparamos a una res de caza mayor tenerla siempre a la vista. 

· No olvidar la munición en el arma y revisar que no quede ninguna bala en la recámara antes de guardarla en su funda. 

· Atención a los rebotes de la munición en zonas rocosas. 

· No disparar por encima del horizonte (viso). 

· Nunca apoyar el arma cargada en zonas inestables. 

· No encañonar a nadie ni gastar bromas con las armas. 

· No dejar nunca un arma cargada en el suelo. 

· Mantener el arma perfectamente limpia. 

· Si se moja el arma limpiarla perfectamente cuanto antes. 

· Asegurarnos de que el cañón no presenta golpes o curvaturas. 

· Revisar si tiene holguras. 

· Guardar las armas perfectamente limpias. 

· Cuidado con la mala costumbre de apoyar los cañones del arma en las botas. 

Y no olvidéis el viejo dicho de que las armas las carga el diablo. 


En la caza alcohol cero 

Este tema es importante a la hora de evitar accidentes. ¿Cuántas veces, hemos observado en la cafetería, a primera hora de la mañana, a grupos de cazadores bebiendo alcohol sin mesura?, luego salen a cazar y ocurren los accidentes. 

Recuerdo una vez en una montería, de cuyo nombre prefiero no acordarme, que el postor de nuestra armada iba tan borracho, que se iba cayendo a cada tramo, y para redondear la faena, se puso en el último puesto a montear, esa vez no ocurrió nada y hasta unas semanas después, no me entere que este señor fue expulsado, según me comentaron, de la sociedad montera a la que pertenecía. 


No debería valer aquello de tomarse una copa para templar el pulso, ya que el alcohol produce el efecto de sentirnos más alegres y confiados, lo que hace que bajen nuestros reflejos y podemos provocar un accidente, pues no olvidemos que llevamos en nuestras manos un arma cargada. 

La tolerancia al alcohol en la caza, debería ser cero, y por suerte ya hay sociedades de caza y orgánicas monteras, que en sus comidas, no ponen alcohol, y esta temporada, he podido observar al Seprona, haciendo la prueba del alcohol a los conductores de una armada que acababa de salir para dirigirse a los puestos, a ver si cunde el ejemplo y todos iremos de caza mucho más tranquilos, y lo que es más importante, seguros. 


Cómo actuar en caso de accidente 

En prevención se utiliza el acrónimo PAS para definir lo que debemos hacer, en este orden, en caso de estar involucrados o presenciar un accidente. 

Prevenir: asegurarse de que usted y el accidentado están fuera de peligro. 

Avisar: al responsable de la cacería y a los servicios de emergencia de la existencia del accidente. Si fuese necesario trasladar al accidentado al centro sanitario más cercano. 

Socorrer: efectuar una primera exploración del accidentado, consciencia, respiración y pulso, para poder avisar al 112 en caso de emergencia. 


Epílogo 

Precaución, conocer las normas básicas para evitar situaciones de riesgo y mantener la calma en caso de accidente, son las tres reglas básicas, que debemos recordar. Muchos de los accidentes, que se producen cada temporada en las actividades cinegéticas, se podrían haber evitado, con una buena información y formación en prevención de riesgos. 


Lo primero que recuerdo que me dijeron cuando de chaval iba de morralero con mi padre, fue que cuidase mi calzado y mirase por donde pisaba, que fuese vestido para resistir las inclemencias del tiempo y siempre me colocase detrás de él, y ya cuando me permitieron usar un arma, que me asegurase mucho antes de disparar y solamente lo hiciese, si veía bien a presa y no había ningún peligro en hacerlo. O sea, los principios básicos de la prevención. 

Como curiosidad, esta temporada una orgánica cordobesa, ha llevado a todas sus monterías una UVI móvil con su equipo sanitario. 

Y recordar que en caso de accidente grave, no se puede alterar el lugar de los hechos, hasta que lo autorice el servicio de prevención o la autoridad judicial. 

¡Buena y segura caza!

Texto y fotos: Félix Sánchez Montes

sábado, 13 de julio de 2019

Monteros y rehaleros en Doñana antes del Parque Nacional


En la Asamblea de la Asociación Española de Rehalas del pasado 22 de junio de 2019, celebrada en Niebla (Huelva) se presentó por el Catedrático de Antropología de la Universidad de Sevilla, Dr. Pablo Palenzuela, la ponencia titulada “Monteros y rehaleros en Doñana antes del parque nacional”, dentro del ámbito de la propuesta de declaración de interés cultural, en el ámbito de Andalucía, promovido por la FAC, Ateca y la Asociación Española de Rehalas.


La exposición partió de los albores de la montería y rehala modernas hasta 1969, hace ahora 50 años, fecha en que fue declarado Parque Nacional y dejó de llevarse a cabo esta actividad. Desde entonces, no hay monterías en el Parque Nacional y sólo se llevan a cabo actividades de gestión de poblaciones mediante métodos de captura y desplazamiento del exceso de reses.


Las fotos representan aquellas jornadas cinegéticas en las que, compartiendo su común afición, convivían monteros con rehaleros y en las que era frecuente la presencia de S. M. el Rey Alfonso XIII. Se trata de un documento gráfico de incalculable valor que, el autor de la ponencia, a través de la Asociación Española de Rehalas, quiere compartir para su común conocimiento a través de esta publicación. 


Al mismo tiempo, las condiciones del terreno (marismas, dunas, matorral bajo) de Doñana imponían ciertas reglas peculiares como la batida de la mancha a caballo, el tiro a res pasada, los puestos en pico de sierra, sin traviesas y la señalización del campo de tiro con cañas en la arena. Se advierte la presencia en las rehalas, en su mayoría, de podencos de talla grande, perros adaptados a cazar en la arena, un terreno no por llano, menos exigente.


Desde la A.E.R. agradecemos al Dr. Palenzuela su aportación, que aprovechamos para plantear la compatibilidad de la protección de este ecosistema privilegiado, con una práctica ordenada de la montería como herramienta de gestión eficaz, fuente de recursos y garantía del mantenimiento de este patrimonio social y cultural, entre otros aspectos.


Alfonso Aguado Puig
Presidente Asociación Española de Rehalas

lunes, 1 de julio de 2019

Sierra Morena cordobesa, del Guadiato al Bembézar. Mi 5º artículo publicado en la web de ABC de la Caza. 1 de julio 2019




RUTA CINEGÉTICA

Sierra Morena cordobesa, del Guadiato al Bembézar

Con un marcado sabor montero, en esta zona típica de la cinegética cordobesa se alternan grandes fincas abiertas con otras más pequeñas y cerradas.


Una finca en la zona del Guadiato - Félix Sánchez

Félix Sánchez Montes


Extracto del artículo

Esta ruta es la continuación hacia el oeste de la de Hornachuelos a Cardeña-Montoro que describimos el pasado mes de mayo y ambas comparten muchas similitudes tanto geográficas como ambientales. Es una zona en expansión en las últimas décadas si nos referimos a las fincas monteras, que principalmente se concentran en su parte sur –menos poblada–, en la que se alternan los grandes acotados abiertos del entorno de La Cardechosa –algunos bien gestionados por la Junta– con otras fincas hacia Villaviciosa más pequeñas que han ido cercándose.



Hemos incluido unas 100.000 hectáreas situadas principalmente entre dos de los ríos más emblemáticos del rito montero, como son el Guadiato y el Bembézar, en las que destacan los brezales y el monte bajo mediterráneo, así como las dehesas clareadas de encina y masas arboladas de quercíneas y coníferas de repoblación. Respecto al uso del suelo, predominan las áreas forestales y naturales con casi el 59 por ciento de la superficie; el 38 por ciento agrícola, es en su mayor parte de regadío, sobre todo de olivares.



Una de las principales actividades económicas presente es la cinegética enfocada principalmente al ciervo y el jabalí en montería. La gestión de las fincas, en general, se ha enfocado a conseguir gran número de reses, lo que implica sacrificar en cierta medida la calidad media de los trofeos. Es importante mencionar la antigua línea ferroviaria Córdoba-Almorchón, «la vía de la sierra» que atraviesa la zona, antaño nexo entre muchas poblaciones, hoy en gran parte abandonada. También en tren viajó a menudo don Antonio Covarsí a montear en estas sierras, y fue precisamente en La Aguja donde cambió la escopeta por el express.

Plano de la zona dibujado por Pablo Capote




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