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sábado, 23 de diciembre de 2017

¡ Feliz Navidad y próspero 2018 ¡


domingo, 10 de diciembre de 2017

Mi entrevista en el programa El Morral del Cazador nº 53. 1 diciembre 2017

ESCÚCHALO AQUÍ (Desde el minuto 50 mi entrevista).

Aquí estamos una semana más morraleros! Fieles a nuestra cita de cada viernes. esta semana hablaremos con Don Laureano de las Cuevas, que nos acercará y pondrá al día del gran proyecto Aequilibrium, de los primeros resultados tras un año de trabajo con águilas y corzos. 

Y en segundo lugar desgranaremos el panorama montero con el gran Félix Sánchez Montes, conocido cronista de varias revistas del sector, con el que charlaremos sobre como está trascurriendo la temporada y como siempre las noticias con nuestros amigos de Cazaworld y el pronóstico del tiempo.
Disfrutad de el!




(Desde el minuto 50 mi entrevista)

martes, 28 de noviembre de 2017

Ayer te fuiste para no regresar más


Ayer murió mi perra Nala, mi fiel compañera. Anteayer cumplió 12 años y hoy se ha ido, en silencio como siempre, ahora estará allá arriba corriendo por las veredas eternas.

Y como escribió Lord Byron en la tumba de su perro preferido, quiero que este sea también su epitafio:

«... una criatura que fue bella sin vanidad,

fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad

y tuvo todas las virtudes del hombre

y ninguno de sus defectos.».


Descansa en paz y saluda a todos de mi parte, que siempre os vais los mejores.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

miércoles, 18 de octubre de 2017

Rehalas, el alma de la montería. Mi artículo publicado en la web de Trofeo Caza. Octubre 2017

Rehalas, el alma de la montería
La montería tradicional depende de las rehalas, sin ellas no existiría y es la afición de rehaleros perreros, auxiliares y perros lo que permite disfrutar al montero. Relato que demuestra la importancia de las rehalas en el éxito de la montería.

El día se presentaba frío y lluvioso, aunque por fortuna con muy poco viento. Aún no se habían escuchado disparos en el monte, a pesar de haber soltado las rehalas hacía ya un rato por delante de mí; es lo que tiene que te toque un puesto de una armada de recula, en los que se supone que serás de los primeros en ver las reses, aunque hoy no parecía ser el caso.

La mancha estaba muy tomada por las reses, por lo que se había tenido la precaución de montar la armada muy temprano, ya que, al tratarse de una finca abierta, se corría el peligro de que se vaciase.

Enfrente, un monte muy espeso de madroñas, jaras y lentisco, y a mi izquierda, un pequeño cortadero por el que esperaba que cruzasen las reses, a poder ser, un buen navajero que me quitase el bolo que llevaba arrastrando toda la temporada. De repente, y muy cerca de mí, un ‘atravesao’, del que solamente distinguía su capa blanca y negra en el lomo, se puso a latir de parada; sus ladridos alegraban la sierra y atraían a más perros de la rehala; al momento se formó una gran algarabía alrededor de un lentisco donde, enmontado en su encame, un solitario se resistía a abandonar su refugio, haciéndole cara a los perros.

Un arrollón en el monte y el abaleo del cochino mientras rompía monte, y la ladra de huida me indicó que el marrano se me echaba encima sin ventearme. Fue aparecer el cochino en el cortadero y voltear el viento, dando un tornillazo y volviendo sobre sus pasos, pero ya estaba yo preparado; y tras meter la cara y correr la mano le solté un tirazcón a tenazón, viendo como lo alcanzaba certeramente.

Aun así, le dio tiempo a internase en el monte, ¡qué duros que son estos guarros!, seguido muy de cerca por los perros; al momento, un latido de parada y el agarre; el navajero intentaba defenderse de los perros asestando cuchilladas a su alrededor, mientras no dejaba de gruñir. El perrero, que acudió rápido, dio fin a la vida del jabalí con un certero remate.

Le pedí que marcase la res y, tras ello, se acercó al puesto para indicarme que se trataba de un buen macho; le ofrecí agua y tras beber un trago me dijo que no estaba mal para empezar el día.

Todo este lance no hubiese tenido lugar sin la intervención de la rehala, sin lugar a dudas el alma de la montería. Y también lo es en las demás modalidades venatorias, en la que los perros están presentes. Sin el apoyo de estos sería imposible montear.

El binomio monteros-rehaleros hace de la montería tradicional lo que es, algo único y original en el mundo.

Félix Sánchez Montes