viernes, 28 de febrero de 2020

¡ Que viene el lobo !

El próximo 14 de marzo se cumplirán 40 años de la muerte, por un fatal accidente de aviación, del gran defensor y divulgador de la naturaleza que fue Félix Rodríguez de la Fuente.


Este naturalista, cetrero y cazador en su juventud (no lo olvidemos), fue el responsable directo de que el lobo ibérico no se extinguiera en la península. Su defensa a ultranza del lobo en sus programas en la televisión, logró cambiar en gran parte de la población española la idea negativa que se tenía sobre este animal, denostado por muchos y defendido por unos pocos.


El paso de los años y este cambio de mentalidad logró que las poblaciones de lobos se fuesen recuperando en España y en un momento dado se permitiese su caza controlada al norte del río Duero.

Este aumento de la población de lobos, que cada día que pasa colonizan nuevos territorios, ha traído como era de esperar problemas. Los ganaderos han visto cómo sus cabañas de animales han sido atacadas y en muchos casos sufriendo bajas.



Es indudable que el lobo debe de existir como componente de nuestra fauna, pero bien gestionado. Ya he dicho muchas veces, que en mi opinión, el cazador es el primer ecologista de acuerdo con la definición de esta palabra por la RAE:
Ecologista.

1. adj. Que propugna la necesidad de proteger la naturaleza.

2. com. Persona que es partidaria de la defensa ecológica.



La administración, como siempre, estuvo lenta a la hora de resarcir los gastos ocasionados con el pago de ayudas, y por lo tanto el desánimo cundió entre los ganaderos, al ver que perdían sus animales por los lobos y no conseguían recuperar el valor económico de estos.

Revista Caza y Pesca. 1974
Por otro lado surgieron muchas asociaciones y grupos ecologistas, muchos de ellos serios, que abogaron por una defensa a ultranza de los lobos, pero sin involucrarse en los gastos, con algunas excepciones. Estos gastos, casi siempre, recaen en los ganaderos y en los propietarios de fincas donde habitan los lobos, y de rebote en los miembros de las sociedades de caza.

No vamos a negar que algunas asociaciones ecologistas serias, sí se están involucrando, comprando y arrendando fincas para proteger a especies en peligro de extinción, o haciendo campañas de divulgación.

También existen grupos radicales de animalistas y de pseudo-ecologistas, que afectados por el fenómeno “Bambi”, tienen una visión utópica y sesgada de lo que es la naturaleza y los animales. Estos grupos se han dedicado a acciones radicales en contra de la caza en base a una supuesta defensa de los intereses naturales.

Estos intereses contrapuestos sobre el lobo, en particular, han desatado una campaña en contra de este, contestada de inmediato por campañas a favor de su existencia.


Las noticias sobre lobos siempre han tenido un lugar importante en los medios de comunicación españoles.


Revista Caza y Pesca. 1960. Noticias sobre lobos

¿Qué opináis, a favor o en contra de los lobos?

Félix Sánchez Montes



jueves, 27 de febrero de 2020

Especial 50 Aniversario Trofeo Caza “La caza en el último medio Siglo”. Mi artículo publicado "Del paso al puesto". Marzo 2020

Marzo 2020
Especial 50 Aniversario Trofeo Caza

“La caza en el último medio Siglo”




50 años en los que Trofeo Caza ha sido testigo y transmisor de los importantes cambios que ha sufrido el sector cinegético manteniéndose siempre fiel en la defensa de una caza sostenible.

Para celebrar este aniversario hemos hecho una recapitulación, no sólo de la historia de la revista, sino también y, sobre todo, de la caza en general revisando y analizando la evolución del sector cinegético desde 1970 hasta hoy.

Para ello hemos contado con colaboradores especializados en cada uno de los temas creando así un ejemplar coleccionista que todos los amantes de la caza desearan tener.

– Todos los directores que ha tenido Trofeo Caza, Juan Delibes, José Ignacio Ñudi, Israel Hernández Tabernero, Juan Francisco París y el actual Pablo Capote, nos cuentan cómo ha sido su paso por la revista.

– Medio Siglo de Caza Mayor:

  • El Corzo, de la escasez al exceso por Pablo Ortega.
  • El Jabalí, de la novedad a la convivencia por Félix Díaz del Campo.
  • El Ciervo Ibérico, evolución y gestión de sus poblaciones durante las últimas cinco décadas por Juan Pascual Herrera Coronado.
  • Retrospectiva de la Caza de Montaña por Juan Antonio García Alonso.
La montería y la rehala: Cinco décadas de podencos, trabucos y caracolas.
  • Del paso al puesto por Félix Sánchez Montes.
  • Disquisiones sobre la rehala en estos 50 años por Lolo Mialdea.
– Caza Menor, la peor parada:

  • La perdiz en declive: Cambio de Chip por Juan Delibes.
  • Lagomorfos: Crónica de la enfermedad por Tío Calañas.
  • Caza de Acuáticas por Antonio Notario.
  • Becadas: Medio Siglo tras la dama del bosque por Miguel Ángel Alonso Valdivielso. Delegado Institucional del CCBP / Presidente del CBM.
– 50 años de caza estival, Media Veda:
De las tres especies de media veda, dos de ellas, la tórtola y la codorniz, han pasado de ser abundantes estivalmente en la península en los años setenta a, sobre todo, cambiar sus rutas y destinos migratorios, visitando hoy nuestro país mucho menos que entonces. La otra, la paloma torcaz, se ha convertido en la práctica en una especie sedentaria. ¿Qué es lo que ha pasado en este tiempo? Daniel Puerta Serrano y Dr. Jesús Nadal nos responden.
– Caza con arco, lo más antiguo, lo más nuevo.
  • Su historia contemporánea en España por Javier Sintes.
  • Inmunes a desánimo por Pedro De Ampuero.
– Caza Internacional, 50 años de caza por el mundo.
En este tiempo, la caza internacional se ha popularizado y un alto porcentaje de cazadores ha viajado a algún destino extranjero. Pero, ¿cuál ha sido el proceso?. Roque Armada y José García Escorial analizan la evolución de la caza internacional en estos años.
– Perros de Caza.
  • Breve historia de los perros españoles de escopeta por Carlos Contera Alejandre.
  • Veterinarios y enfermedades por Juan J. García Estévez.
– Gestión Cinegética, una herramienta medioambiental.

– 50 años de Comunicación Cinegética por Michel Coya.

– Armas de ayer y hoy por Juan Francisco París.
Trofeo ha sido testigo privilegiado de la mayor evolución que han experimentado las armas de caza.
– Caza y mujer otra conquista del sexo femenino por Carmen Basarán.
El de ser cazadora es uno más de los logros conseguidos por la mujer en las últimas décadas. Para conseguirlo ha tenido que superar trabas de carácter social y cultural, ya que, en su ADN, activado o no, el instinto predador está presente desde siempre.
– La Ciencia el mejor aliado de la caza.
El estudio de las especies cinegéticas en España es uno de los mejores del mundo, pero no siempre fue así. Repasamos la evolución científica durante los últimos 50 años y los retos pendientes, de la mano de Dr. Carlos Sánchez García-Abad de Fundación Artemisan.
– Legislación: Desde la Ley de 1970 por Jorge Bernad.
– Seguridad en la Caza: Seguros, Indemnizaciones y accidentes por Santiago Ballesteros.
– Caza Federada, su papel durante estos años por José María Gallardo Gil. Presidente de FEDEXCAZA, Manuel Gallardo Casado. Vicepresidente de FEDEXCAZA, Salvador Calvo Muñoz. Escritor y cazador.
– Gastronomía Cinegética ayer y hoy por Mar Romero
Trofeo Caza ESPECIAL 50 ANIVERSARIO ya en tu quiosco y en los principales quioscos digitales Kiosko y Más y Orbyt
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lunes, 24 de febrero de 2020

Rutas Cinegéticas en ABC de la Caza cumple un año. Mis primeras 12 entregas, de marzo 2019 a febrero 2020.

Rutas Cinegéticas, el primer lunes del mes en ABC de la Caza. Con los magníficos planos artesanales de Pablo Capote Urosa y las colaboraciones de Manuel Mialdea Lozano (Entregas 1 a 5 y la 8), Alfonso Checa Pozo (Entrega 3), Julián del Pozo (Entrega 8), Raúl Anaut Cerdán (Entrega 9), Jacobo López-Pedraza Pérez de Miguel y Benjamín Mordillo Mateos (Entrega 10) y Tono Pascual de Riquelme in memoriam (Entrega 11) , por su inestimable ayuda en la realización de estos doce artículos. Gracias a todos.


1.- Sierra de Hornachuelos, la cuna de la montería.
*Publicado el 23 marzo 2019 
     Enlace ABC
                                                                                       
2.- Sierra de Cardeña y Montoro, tradición montera. 
*Publicado el 1 abril 2019




3.- Sierra de Andújar, capitalidad de la montería. 
*Publicado el 6 mayo 2019



4.- Sierra Morena cordobesa: de Hornachuelos a Cardeña y Montoro. 
*Publicado el 3 junio 2019




5.- Sierra Morena cordobesa, del Guadiato al Bembézar. 
*Publicado el 1 julio 2019

6.- De Somiedo a Babia, un paraíso natural. 
*Publicado el 4 agosto 2019

7.- Freser-Setcases, en la tierra del sarrio. 
*Publicado el 2 septiembre 2019


8.- Valle de Alcudia, de Fuencaliente a Almadén, Sierra Morena manchega.
*Publicado el 7 octubre 2019

9.- Bardenas Reales de Navarra, el desierto del norte.
*Publicado el 4 noviembre 2019


10.- Monfragüe, paraíso de la dehesa extremeña.
*Publicado el 2 diciembre 2019




11.- Sierra Espuña, los arruís de Europa
*Publicado el 6 de enero de 2020

12.- Sierra de Gredos, el feudo de la cabra montés
*Publicado el 3 de febrero 2020

miércoles, 5 de febrero de 2020

¡Aún estamos a tiempo de cazar grandes jabalíes y venados en montería!. Mi artículo en la web de Cazavisión. 4 de febrero 2020

En febrero, si lo planeamos bien, podemos divertirnos tanto o más que en otros meses.

¡Aún estamos a tiempo de cazar grandes jabalíes y venados en montería!

Ya está aquí febrero, y con él el final de la temporada montera. Es el último mes para poder cobrar ese gran cochino con el que llevamos soñando toda la campaña, o abatir ese buen venado que hasta la fecha nos fue esquivo. ¡Aún queda tiempo para ello!

Navajero a la carrera cruzando un camino durante una montería.

Cuando vemos que pronto se cierra el periodo hábil y aún no hemos logrado prácticamente ningún resultado en las monterías a las que hemos asistido, esto nos lleva en ocasiones a actuar con precipitación y a contratar varias cacerías sin informarnos bien de cómo son y cuáles han sido los resultados de años pasados, así como sin tener referencias directas del organizador de las mismas.

Obrar así nos conduce de forma irremediable al fracaso casi absoluto; nos ocurre igual que al que juega a la lotería por necesidad y, como dice el refrán, “pierde por obligación”. Perderemos el tiempo, el dinero y las ganas intentando conseguir en veinte días lo que no hemos podido lograr en cuatro meses de temporada montera.

Collera de venados entre el monte.

Desesperación, chollos y suerte.

¿Por qué, si hemos contratado las monterías al final de la primavera o al principio del verano, después de contrastar detenidamente precios, orgánicas y fincas, nos precipitamos ahora comprando puestos para este último mes de ejercicio venatorio?

Muchas veces es por desesperación, al ver cómo se terminan las monterías sin resultados reseñables por nuestra parte, y otras tantas por dejarnos llevar por los chollos de última hora, sin acordarnos de que nadie regala nada.

Cazador en su asiento de montería, en una soleada mañana de febrero.

Particularmente no creo en la suerte y opino que somos nosotros, con nuestras acciones y esfuerzos, los que obtenemos buenos resultados, aunque no negaré que he conocido a bastantes monteros convencidos de que una racha mala es consecuencia de su mala suerte, llegando a creerse auténticos gafes. A partir de ahí, intentan acabar con esa mala racha de todos los modos posibles y, como es natural, solamente cosechan nuevos fracasos.

También conozco a muchos monteros con fama de tener muy buena suerte, pero en el fondo, lo que poseen es un gran conocimiento del arte de la montería, y al utilizar ese saber adquirido, consiguen mejores resultados.

Perros de rehala dentro de la mancha.

Análisis previo y decisiones posteriores.

A estas alturas de la campaña montera, lo que debemos hacer es no dejarnos llevar por la desesperanza y el desánimo, pensar y actuar en positivo y, tras estudiar detenidamente el porqué de nuestra ‘mala temporada’, valorar los factores que sin duda habrán influido.

Primeramente, nuestra elección de las monterías en las que hemos participado; después, la organización u organizaciones que hemos seleccionado, ya que la seriedad de las mismas y su buen hacer son las responsables de sus resultados; y por último, nuestras posibilidades económicas, ya que la montería es una modalidad de caza cara, aunque siempre nos quedan las monterías sociales si nuestro presupuesto no es alto.

Sacando un venado del monte.

Febrero no deja de ser un gran mes montero; quizás los resultados no sean tan buenos como en noviembre, diciembre y enero, pero si lo planeamos bien, nos podemos divertir tanto o más que en otros meses.

Ahora tenemos a punto nuestro rifle, estamos más entrenados y ya no cometemos los errores de principio de temporada, andamos mucho más ‘finos’ en el disparo y corremos la mano con más eficacia, lo que se nota en los resultados.

No quiero que se me olvide algo fundamental: montear o cazar entre amigos es algo que no se debería perder nunca (hay que conservarlo, aunque sea difícil). Conceptos como tradición, respeto y educación son fundamentales si queremos conservar la montería.

Reses cargadas en un vehículo, camino de la junta de carnes.

El compañero de caza se convierte muchas veces en nuestro mejor amigo, al compartir con nosotros vivencias y aficiones. Conozco muchas y buenas peñas que, aun estando fuera del ámbito comercial, todavía respetan las tradiciones monteras y con las que es posible cazar como antaño, rodeado de amigos y sabiendo de campo y cómo se debe actuar.

Conclusión.

No nos precipitemos ni nos dejemos llevar por las prisas, que todos sabemos que nunca han sido buenas consejeras. Sentémonos a pensar tranquilamente qué es lo que queremos conseguir y cómo, evaluemos nuestros recursos y, entonces sí, intentemos hacer realidad nuestros sueños.

El lance montero de nuestra vida está aún por llegar.

El lance montero de nuestra vida está aún por llegar, ¿por qué no se va a presentar en las próximas semanas? Todo es posible, y más aún en un mundo como el de la caza.

(Texto y fotos: Félix Sánchez Montes)



lunes, 3 de febrero de 2020

Sierra de Gredos. El feudo de la cabra montés. Mi 12º artículo publicado en ABC de la Caza. 3 de febrero 2020



Borrador de Pablo Capote




RUTA CINEGÉTICA



Sierra de Gredos, el feudo de la cabra montés.



Esta espectacular creación natural modelada por los glaciares se encuentra situada al sur de la provincia de Ávila.


Varios turismos observan desde la distancia a un grupo de cabras en la Sierra de Gredos

Félix Sánchez Montes
Actualizado: 3 febrero 2020


La especie principal de la sierra es la cabra montés (Capra pyrenaica victoriae), especie que fue endémica de la Península Ibérica hasta que la Comunidad de Madrid tuvo a bien ceder ejemplares a Francia, de la que se realiza un censo tanto para la vertiente norte como para la sur, adecuando el plan de caza a las existencias y calidad de los trofeos.Al sur de la provincia de Ávila, la Sierra de Gredos es una espectacular creación natural modelada por los glaciares.


Nuestra ruta coincide casi exactamente con el parque regional, que ocupa 86.394 hectáreas de la provincia de Ávila. En su interior, en el Macizo Central, se encuentra la reserva regional de caza, que tiene como núcleo el llamado Circo de Gredos, con la Laguna Grande a sus pies, y en lo más alto el pico Almanzor que, con 2.592 metros, es la máxima altura de toda la cordillera. 


También hay corzo, jabalí, ciervo y cada vez es más frecuente la presencia del lobo en la cara norte. Aguardos, recechos, batidas y monterías en los aledaños de esta zona son las principales modalidades de caza; en la caza menor las perdices y conejos son las especies menudas más destacables. Un interesante vestigio de la antigua abundancia de osos lo encontramos en la iglesia de Navacepeda de Tormes, en cuya puerta hay una garra de oso datada en el siglo XVI, cuando fueron abatidos los últimos ejemplares. 


Especie emblemática 


A finales del siglo XIX, la cabra montés se encontraba al borde de la extinción. Conscientes de ello, un grupo de cazadores propuso la creación de un coto con el fin de proteger los últimos ejemplares que quedaban en Gredos. El Rey Alfonso XIII intervino para crear el Coto Real de Gredos en Hoyos del Espino. La cabra comenzó a recuperarse rápido y en 1911 se dieron las primeras batidas. En 1930 se censaron 2.500 cabras, en 1970 aproximadamente 3.500 y 20.843 en 2001, estimándose entonces que la población crecía un 9 % anual. La depredación de las cabras por parte de los lobos y la aparición reciente de una epidemia de sarna en la Sierra de Guadarrama están haciendo disminuir el número de ejemplares de esta emblemática especie.

El conjunto se divide tradicionalmente en dos zonas claramente diferenciadas: la cara norte, dominada por la piedra y el matorral de piornales; y la sur, de más monte más espeso y arbolado.

Existen varios endemismos vegetales de vertebrados como la salamandra de Gredos, el sapo de Gredos y la lagartija serrana.

Los habitantes de la zona se instalaron siempre en la periferia del macizo, sin que en su interior hayan existido nunca pueblos propiamente dichos ni muchos aprovechamientos. Las zonas más agrestes de Gredos solo eran habitadas por ganaderos de vacuno y pastores que, en régimen de trashumancia, instalaban en ellas sus chozas donde permanecían de julio a septiembre; además de por los cazadores locales que, sin ninguna motivación deportiva, buscaban en las cabras monteses un complemento proteínico a su alimentación.


jueves, 23 de enero de 2020

Todas las claves para montear con mal tiempo. Mis fotografías en Cazavisión. Enero 2020.


En días de frío, lluvia, nieve, viento… 

Todas las claves para montear con mal tiempo 

El mal tiempo en general puede jorobarnos un buen día de caza. Es precisamente en estas situaciones cuando hay que estar más alerta. Por ello, estas claves os ayudarán a montear con mayor éxito en situaciones de frío, lluvia, nieve, viento…

Las monterías con lluvia son de tensión permanente. 

En enero y febrero, a la hora de montear, resulta muy probable que nos toque uno de esos días en los que desearíamos no haber salido de la cama. Frío, lluvia, nieve, niebla y viento son los factores que más nos pueden arruinar un excelente día de caza. Pero esos factores nos afectan más o menos a los cazadores y a la fauna. 

El frío 

Las reses no se ven afectadas por un día de mucho frío como lo vamos a estar nosotros. Ellas están preparadas para soportar temperaturas de órdago y montear con frío no les afecta. Es más probable que podamos tener problemas con los perros cuando termine la montería si han sudado en exceso y se quedan fríos, pero guarros y ciervos van a actuar como si nada. 

Conozco un buen amigo, montero viejo él, que cuando llega uno de esos días bajo cero y en umbría, se enciende un fueguito que le permita mantener las constantes vitales. Cierto es que lo hace a riesgo de que ese guarro viejo se dé la vuelta al sentir el fuego, pero la realidad es que las reses no desconfían tanto de un olor que es natural al trabajo en el monte. Por supuesto si la res lleva los perros detrás, poco le importará esa fogatita. Yo lo he hecho en unas cuantas ocasiones cuando cazaba con mis hijas, y la verdad es que no me ha supuesto un problema para que las reses entraran a mi postura. 


En un puesto de traviesa o cortadero cerrado, donde nos va a tocar tirar a muy corta distancia, sí que puede resultar un problema. Pero un fuego en una postura de las de balconcillo no supone un menoscabo de las posibilidades de tiro. Según sea nuestro puesto, podemos optar por arriesgar y salir enteros y calentitos o aguantar el frío aun a riesgo de congelación. 

La lluvia 

A las reses les resulta indiferente, si bien andan más escamadas porque el repiqueteo de las gotas ahoga los ruidos y ellas gustan de andar con el oído atento. Nosotros, en cambio, perdemos visibilidad y capacidad de oír llegar a las reses, puesto que el monte mojado se come cualquier ruido. Si prevemos que vamos a tener un día de lluvia, hay que llevar al puesto un buen paraguas grande que se pueda acoplar a una vara para poder tener las manos libres. 

Otro de los problemas que trae consigo la lluvia es la posibilidad de que la óptica se nos empañe. Por ello debemos tener siempre listo un pañuelo para ir limpiando la lente todo el rato. Nada hay que pueda dar más rabia que encarar una res y no ver ni ‘guarra’ por estar empañado o por las gotas en el visor. Incluso es mejor quitarlo que arriesgarse a no poder tirar. 

Fotografía: Félix Sánchez Montes
Con lluvia hay que estar mucho más atento que con tiempo calmado, puesto que las reses nos van a sorprender en la mayoría de las ocasiones y, sin que sepamos cómo, se nos plantarán en medio del cortadero sin darnos tiempo a encarar y tirar. Las monterías con lluvia son monterías de tensión permanente. 

Hay una ventaja en esos días de lluvia, y es que los perros trabajan de fábula al mantener la humedad todas las emanaciones de las reses. Salvo que caiga el diluvio universal, los canes tienen todas las de ganar frente a unas reses mojadas que dejan mucho más rastro y mucho más persistente. Existe la creencia equivocada de que la lluvia borra los rastros, y nada hay más alejado de la realidad, al menos a corto plazo. Una res que se haya encamado en una mañana de lluvia va dejando un rastro que sólo se borrará con agua al cabo de dos días de intensa lluvia, así que para el día de la montería está vendida. 

Montear con nieve 

Hasta ahora, en muchas comunidades autónomas se prohibía una cacería si la nieve cubría el suelo, aunque la capa fuera una mísera micra. Hoy ya se va imponiendo la cordura y si la capa no es continua o no alcanza más de 20 centímetros, se permiten dar las monterías. Lo cierto es que en esas condiciones a las reses les da lo mismo que haya nieve o que no, y a los perros otro tanto. Por el contrario, si se autorizara cazar con nieves más espesas, los perros, más ligeros, podrían dar alcance y matar a las reses, más pesadas y que se hundirían en su huida. 

La niebla 

En cuanto a la niebla, lo mejor es suspender la montería por cuestiones de seguridad. Además, montear con niebla resulta imposible. No oímos ni vemos a las reses y jamás podremos saber si nuestra bala terminará en lugar seguro. Si la niebla está ahí antes de la montería, no se deberían colocar los puestos hasta que levante. Por el contrario, si la niebla nos sorprende puestos, lo mejor es quedarse hecho un ovillo y no moverse hasta que levante. Si la niebla fuese ligera, es importante estar seguro de que nuestra bala va a enterrarse y no hacer experimentos, ya que ninguna res vale el riesgo de herir a un ser humano. 

Fotografía: Félix Sánchez Montes
El viento 

Si la previsión es de vientos de más de 30 km/h no vamos a poder montear o no vamos a tener éxito. En esos días sería mejor quedarse en casa y no perder el tiempo en medio del vendaval. Lo primero que nos vamos a dar cuenta es que no oiremos un rabo. Nada de nada que tenga que ver con la movilidad de las reses. Ruido mucho, pero de utilidad, nada. Ni siquiera oiremos las ladras que estén a un centenar de metros de nuestro puesto a sotavento, puesto que se las va a comer el condenado viento. Por el contrario, las ladras a mucha distancia de nuestra postura en el lado de barlovento se oirán como si estuvieran a escasos metros, al traer su sonido en volandas el dichoso viento, dejándonos con una insatisfacción de cine al no terminar nunca de romper perros y presa. 

Fotografía: Félix Sánchez Montes
Los cochinos se nos van a meter encima sin que nos hayamos dado cuenta y no vamos a poder tirar en condiciones. 

Los cambios de viento que suelen tener esos días de vendaval van a volver locos a los perros, que pierden y recuperan los rastros sin una pauta. Además, las reses, ante la orquesta de ruidos y olores, van a querer permanecer quietas a la espera de lo que tenga que venir, ya que tomar decisiones de huida en esas condiciones es un suicidio. Más vale esperar lo que sea encamada o escondida en lo espeso, que arriesgarse a huir en dirección desconocida. 

Viento y caza en montería son garantía de fracaso, pero si nos toca montear en esas condiciones, habrá que estar en permanente alerta

Texto: Refael Centenera
Fotografías: Istock, Félix Sánchez y archivo


miércoles, 8 de enero de 2020

De rececho en Kirguizia tras los pasos del Marco Polo. Mi artículo en la web de Trofeo. Octubre 2017

De rececho en Kirguizia tras los pasos del Marco Polo



El rey de los carneros era el principal objetivo de unos intrépidos cazadores que viajaron hasta el corazón de Asia Central atraídos por la majestuosidad del argali y la dificultad de su caza. Y además tenían la posibilidad de cazar a ibex y lobo. La emoción estaba asegurada.

Fruto de varias reuniones para ultimar el viaje a tierras kirguizias con el grupo de cazadores, Mario, Edu, Paco, Millán y Jesús, dejamos la fecha fijada para finales de febrero con la intención de ir reservando vuelos y empezar a preparar el ansiado viaje a las montañas del Tien Shan. Empezamos la tarea burocrática de invitaciones, armas, permisos, equipaje… con unos pocos meses de antelación para evitar así los clásicos imprevistos de última hora.

Llegando las semanas previas a la salida, dejamos todo cerrado en una amigable comida en Madrid organizada por Luis M. de la Rubia, gerente de L.M.R. Caza, con todos los participantes de la expedición, cambiando impresiones sobre el tiempo previsto y la ropa necesaria.

COMIENZA LA AVENTURA

Tres horas antes de la salida prevista nos vimos en la terminal T4 del aeropuerto de Barajas, en Madrid, para volar hacia Estambul (Turquía), en el primer “salto” de lo que sería el inicio de nuestro viaje de siete días al país kirguizio. Con todo facturado a Biskek (Turquía), llegamos a la capital turca, donde pernoctamos y cenamos, junto al Bósforo.

Al día siguiente, antes de la salida del vuelo a Biskek tuvimos tiempo de visitar Estambul, la preciosa y emblemática capital turca, realizando las típicas compras en el Gran Bazar y en el Bazar de las Especias, también llamado Bazar Egipcio.

Tomando la segunda parte del vuelo, llegamos de madrugada a Biskek, donde teníamos contratado el servicio VIP con nuestro operador. Tras una breve espera que aprovechamos para tomar un café, nos llegaron los pasaportes con los visados y nuestras armas. Los equipajes ya nos esperaban en el Mercedes a la entrada del parking. El viaje empezaba bien.

Tras comer algo, iniciamos la primera parte de nuestra aventura, que nos conduciría hasta el lago Isikul (Isel-Kul o “Lago caliente”), a mitad de camino de nuestra zona de caza. Aún nos quedaban otras cuatro horas de viaje, que aprovechamos para dormir un poco.

A la llegada transportamos los equipajes al camión que nos llevaría a los campamentos de caza. Solo quedaban 170 kilómetros para llegar a nuestro destino, aunque las carreteras, totalmente nevadas, obligaban a los conductores de los vehículos a conducir extremadamente despacio.

La zona de caza tiene de media unos 3.500 metros de altura. Los recechos se realizan a caballo, animales pequeños y fuertes muy adaptados a estas alturas. Una vez llegados al primer campamento dividimos al grupo en dos para así tener más oportunidades de conseguir los cinco Marco Polos buscados en primera instancia… más los ibex y, por qué no, algún lobo.

Al segundo campamento se trasladaron tres miembros del grupo. Nuestro campamento era muy básico: vagones de tren adaptados con ruedas. Uno, utilizado como cocina y comedor; otro, de dormitorio con camas bien limpias y calientes; el tercero era baño y sauna. Y el resto de vagones estaban destinados a los guías de caza y demás participantes en el rececho.

CAZANDO EN “EL TECHO DEL MUNDO”


La antigua República Soviética de Kirguizia está situada en el corazón de Asia Central. Está ocupada en toda su parte del sudeste por las montañas de Tien Shan, que hacen frontera con China. En esta cordillera se encuentra el mítico carnero Marco Polo y los ibex más grandes de Asia.



Impresionante paisaje helado. Cazar en estas condiciones climatológicas es realmente complicado.


El Pamir es una gran cordillera asiática, una de las más altas del mundo, situada entre los límites de Asia Central y Meridional y lindante al este con el Himalaya. Está compuesta por la unión de las cordilleras Tian Shan, Karakórum, Kulun y el Hindu Kush.sudeste por las montañas de Tien Shan, que hacen frontera con China. En esta cordillera se encuentra el mítico carnero Marco Polo y los ibex más grandes de Asia.

Por ser un punto de reunión de varias cordilleras es también conocido como “nudo del Pamir” y, junto al Tibet, era denominado en tiempos victorianos como “el techo del mundo” (Roof of the World) en una traducción aproximada del término persa.

Sus dos montañas más altas son el pico Ismail Samani (conocido entre los años 1932 y 1962 como pico Stalin y entre 1962 y 1998 como pico del Comunismo), con una altura de 7.495 metros; y el pico Lenin, que mide 7.165 metros. En el Pamir hay muchos glaciares, incluyendo el Fedchenko, que mide 77 kilómetros de largo, el más grande en la antigua URSS.

UN GUÍA DE LUJO

Sanjar era uno de los guías mongoles que iba a acompañarnos en nuestro grupo. Era la cuarta cacería que realizaba con L.M.R. Caza y, una vez más, nos demostraría por qué es uno de los mejores en aquellas montañas.

Luis estuvo comentando con él la posible ubicación de los grupos de Marco Polos vistos en los pasados días. Como habíamos llegado a medio día, decidimos comer algo, cargar todos los bártulos en los caballos e iniciar la subida a un fly camp para, al día siguiente, a primera hora, tener a los Marco Polos más cerca.

Cuatro horas a caballo de dura ascensión por los valles y ríos helados nos separaban del campamento elegido para pernoctar esa noche. Poco a poco nos fuimos adentrando en la zona. Al poco pudimos contemplar con los catalejos los primeros indicios de presencia de caza en las partes altas de las montañas… pero ya estaba cayendo la noche.

Un pequeño refugio sería nuestra casa durante esa primera noche fría, aunque gracias a una pequeña estufa dormimos calientes en nuestros sacos de dormir. Amaneció un impresionante día azul con -12 ºC y casi nada de viento. Indescriptible el reflejo de la luz en la nieve y en los hielos azulados de las impresionantes montañas. Un desayuno compuesto de café y unos bollos sentó perfecto para empezar la fría mañana.

Uno de los guías mongoles ya había realizado una prospección, localizando a una hora de caballo del refugio a un grupo de machos en el que había dos buenos ejemplares.

EN BUSCA DEL PRECIADO MACHO 


Luis y Millán decidieron intentarlo con ese primer grupo, mientras que Jesús, con los otros dos guías, irían a revisar una zona en la que se conocía la existencia de una gran cantidad de buenos machos.

Una hora más tarde, el grupo de Millán ya divisaba con los catalejos a los seis Marco Polos, tumbados, tranquilos y soleándose. Dejamos los caballos y, tapados por los innumerables valles que nos rodeaban, logramos situarnos a 250 metros de ellos con el aire de cara y sin que se percatasen de nuestra presencia.

Situados sobre una gran piedra, Millán coloca su mochila para apoyar su rifle de 7 mm.. Se prepara. Toca elegir el mejor macho del grupo y esperar a que se mejorase en su posición de disparo. Transcurren 20 minutos y el grupo se levanta de careo para comer. Todos teníamos claro a cuál debía disparar.

Luis, que está a su lado, le indica a Millán cuál es el ejemplar y en dos segundos el majestuoso animal cae tras un tiro perfecto. Impresionante la cara de satisfacción del afortunado cazador al contemplar su trofeo y admirar el entorno donde nos hallábamos. Felicitaciones, abrazos, fotografías y los clásicos comentarios del lance vivido.Como aún era muy temprano y parte del trabajo ya estaba hecho, decidimos comer algo mientras los guías sacaban la piel del animal y la salaban en el campo.

Vuelta a los caballos y, de camino al campamento, decidimos poner nuestra atención en un valle donde los guías sabían de la querencia de los ibex. Dos horas de caballo, pie a tierra… y a escudriñar hasta los mínimos rincones de las montañas en busca del precioso y preciado ibex.

Después de bajarnos en tres o cuatro ocasiones del caballo y tras horas escudriñando las montañas, divisamos al fin a un grupo de machos comiendo en una escarpada pared a unos 1,5 kilómetros de distancia.

Planificamos el rececho y nos aproximamos a unos 600 metros, dejando los caballos ocultos en un pequeño desfiladero y acercándonos a pie hasta una pared para, desde allí, efectuar el disparo.

Tras una hora de marcha por riscos, rocas, nieve y alguna que otra caída, llegamos a la cima de la pared que nos situaba frente a los ibex, comprobando antes de coronar que un precioso macho que llegaba al grupo nos miraba desde un puntal de riscos, a unos 300 metros de nosotros, obligándonos a detenernos y permanecer inmóviles.

Luis ya estaba con el catalejo apostado. Comprobando que el trofeo era bueno y se podía tirar, le indicó a Millán que buscase posición de tiro apoyando la mochila en una roca. Apuntó detenidamente y, tras una breve mirada a Luis para confirmar el tiro, disparó.

De manera increíble, el macho rodó en décimas de segundo. Había sido un tiro perfecto. Felicitaciones y las fotografías de rigor siguieron a este bonito lance. Sin duda, un día bien aprovechado.

EL MARCO POLO, EL CARNERO MÁS DESEADO

El argali o carnero de Marco Polo (Ovis ammon polii) es una subespecie de Ovis ammon que habita en las montañas del Pamir. Su área de distribución es Tayikistán, Kirguistán y China. La denominación de carnero de Marco Polo se debe a que este explorador fue el primer occidental en describirla, allá por el año 1273.


Es de gran tamaño, su pelaje va de un marrón rojizo a un marrón oscuro y su pelo en el cuello es relativamente corto. Sus caderas son de color claro con manchas muy difusas y su cola es bastante larga. La capa es prácticamente uniforme con poca diferencia entre los flancos superiores e inferiores. Sus cuernos son grandes y poderosos con una sección triangular y forman una espiral a ambos lados de la cabeza. Miden entre 120 y 135 centímetros y pesan entre 120 y 130 kilogramos.

EL TURNO DEL IBEX 

Al día siguiente amaneció todo nevado. Hacía muchísimo frío. Esta vez sería Miguel quien intentaría abatir un ibex, aunque las condiciones meteorológicas no eran las más apropiadas para su caza.

A primera hora de la mañana la visibilidad era muy reducida, con nieblas y nieve constante, aunque los caballos se portaron francamente bien teniendo en cuenta que el suelo se encontraba totalmente tapado por la nieve. Siguiendo las indicaciones del guía, decidimos subir a una zona donde había un grupo grande de ibex que tenían controlados los guías. Unos 100 ejemplares con buenos machos entre ellos.

Uno de los cazadores con dos majestuosos Ibex

Nos llevamos caballos de reserva para cualquier eventualidad que se nos presentase en el rececho e íbamos equipados con unos impermeables blancos que nos facilitaron en el campamento para mimetizar el verde de nuestros monos térmicos de caza. La subida con los caballos fue perfecta durante la primera hora, pero la nieve se iba acumulando muy rápidamente… ¡Incluso les llegaba a la tripa a los caballos! Así que tuvimos que mover los estribos hacia atrás para salvar el contacto de los mismos con la nieve.

Uno de los caballos se tumbó en la nieve, dando señales de que ya no podía más. Desmontando y subiendo a un nuevo caballo conseguimos ascender a lo alto de aquella loma, en la que esperamos a que el día abriese un poco.

Comimos algo y echamos una cabezadita para dejar pasar el tiempo esperando a que las condiciones climatológicas mejorasen algo. Tras aproximadamente dos horas, la niebla por fin comenzó a disiparse, ofreciéndonos un mayor campo de visión. Manos a la obra: a través de los prismáticos intentamos localizar algún buen ejemplar. 

NO ESTABA EN EL GUIÓN

De repente sucede algo muy extraño: desde nuestra perspectiva no se aprecia ningún movimiento de los ibex. Sanjar, el guía, nos aclara el misterio: en las inmediaciones hay un lobo. ¿Un lobo? ¿Dónde? Sanjar nos indica que miremos hacia el fondo del valle: “¡Allí está! Es un lobo solitario, grande… ¡y macho!”.

Debido a la gran distancia a la que se encontraba nos cuesta mucho trabajo localizarle. Está a más de dos kilómetros de nosotros. Luis le indica a Miguel, que se emociona al verlo, la posición exacta del animal.


Siempre impresiona ver un lobo en su entorno cazando y rastreando. Luis le pregunta al guía si hay alguna posibilidad de entrarle… “¡Por supuesto!”, le responde Sanjar. “No te preocupes, vamos a buscar una posición de tiro en ese collado y te lo traigo”, le indica Sanjar al cazador.

Tras buscar una buena ubicación para efectuar el disparo, Sanjar se tumba y empieza a aullar al lobo. Mientras tanto, nosotros observamos con los prismáticos al animal, que se encuentra a más de 1,5 kilómetros.

De repente, el lobo sube la cabeza, como aullando, y a los pocos segundo oímos claramente su respuesta. Un escalofrío nos recorrió el cuerpo. Unas 10 ó 12 veces le aulló y unas 10 ó 12 veces le contestó el lobo. Cada vez más cerca. El corazón se nos aceleraba.

No sé el tiempo que estuvimos reclamándole, quizás no más de 10 minutos, pero se nos hizo eterno. Y ahí estaba el lobo con la cabeza en el suelo, rastreando y aproximándose a nosotros. Suerte que habíamos entrado al collado desde otra zona y no podía cortar nuestro rastro.

En ese momento Luis le indicó a Miguel que lo tenía centrado en el visor, que en el primer punto donde se parase le tirase. A no más de 30 pasos, el lobo se para en seco mirando hacia donde nos encontrábamos y Miguel no duda en apretar el gatillo.

El lobo sale corriendo ladera abajo, entre la nieve. Iba bien pegado, de codillo, y aun así tuvo tiempo de correr un minuto sin reaccionar aparentemente al disparo. Todos nos miramos como queriendo decir: “No te preocupes, Miguel, el lobo es nuestro”.

Salimos hacia el lugar donde lo disparó y encontramos un buen rastro de sangre. Tocaba pistear: sangre y más sangre, y a unos 100 metros… ¡el lobo estaba ahí! Alegría y felicitaciones por el trabajo tan bien hecho. Nuestro lobo, que hace un momento estaba a unos dos kilómetros, yacía ante nosotros en la nieve. ¡Fantástico!

A REMATAR LA FAENA

Una vez en el campamento, con una magnifica sensación tras un estupendo día de caza, era el momento de entrar en la sauna y de disfrutar de una cena caliente para irnos a la cama y soñar con aquel inolvidable lance con el lobo como protagonista.

Al día siguiente decidimos cambiar de zona en busca nuevamente de los Marco Polos. La jornada se presentó abierta, fría pero sin nieve. Con las fuerzas intactas después de un buen desayuno, volvimos a montar a caballo y comenzamos lentamente la ascensión hacia unos valles donde los guías habían localizado a unos grupos de carneros.

El guía con el Marco Polo

A no más de dos horas del campamento, en una ladera, vimos un macho tumbado en la nieve, soleándose. Estaba solo. Sacamos el catalejo y comprobamos que era “tirable”. Pero la distancia era enorme: 600 ó 700 metros. A pie, tapados por un pequeño valle, decidimos restar metros hasta llegar a una loma. Logramos situarnos a unos 300 metros de ellos, con un valle nevado y muy amplio, para poder repetir el tiro en caso de fallar el primero.

El primer disparo se quedó bajo, formando una polvareda en la nieve. El animal corrió desorientado unos metros hacia nosotros y se volvió a parar unos segundos.Saliendo al punto elegido y buscando un lugar de apoyo en la nieve sobre la mochila, procedimos a levantar al gran Marco Polo. Después de dos o tres silbidos, sentó sus cuatro patas sobre la nieve y nos miró.

En ese momento restalla el segundo disparo, que le alcanza en el hueso de la mano, a la altura del hombro.

El animal corre ladera abajo y le perdemos de vista. En unos minutos le volvemos a ver… ¡pero a más de un kilómetro! Corre mucho más despacio y parece perder mucha sangre.

Decidimos esperar a que se tumbase. Tras aguardar durante 30 minutos, comenzamos el descenso de la ladera a caballo en busca del último punto donde le habíamos visto.

Llegados allí, prismáticos en mano, por fin lo encontramos. Yacía inerte en el fondo del barranco. Se había despeñado por un precipicio hasta unas rocas que se encontraban en el fondo.

Después de dar un rodeo de casi una hora, llegamos al carnero. Solamente se había despuntado un cuerno. Intentamos sin éxito localizar el trozo que le faltaba. Mala suerte, aunque en la taxidermia nos proporcionaron un trozo de cuerno para su arreglo. Abrazos y la alegría que conlleva el lance y el trofeo conseguido.

Y DE REGRESO… ¡VAYA SUSTO! 

El trabajo estaba ya realizado. Todos los cazadores, con sus expectativas cumplidas y de vuelta al campamento en el último día de caza, sólo pensaban en preparar las maletas y volver a España. Eso sí, con la nostalgia de dejar aquellas majestuosas montañas de Kirguizia en nuestro viaje de retorno a Biskek.

El día de regreso se presentó con una fuerte nevada. El camino de la montaña que teníamos que tomar atraviesa varios ríos que en ciertas épocas del año bajan muy crecidos y caudalosos, mientras que en otras se hielan completamente.

Pues bien, en nuestro camino de vuelta nos encontramos con un río medio helado. Intentamos atravesarlo, pero nuestro camión partió el hielo con las ruedas traseras, que quedaron hundidas. La cosa no pintaba nada bien. Sin embargo, a base de esfuerzos, piedras, palas y demás, conseguimos sacarlo tras dos horas de duro trabajo por parte del equipo que nos acompañaba. Una anécdota más para sumar a este increíble viaje.

Sin más demora llegamos a Biskek, donde cenamos. Ya de madrugada, dormíamos plácidamente en el vuelo de regreso, soñando con volver de nuevo algún día a aquellas montañas que tanto nos habían dado.

Texto: Félix Sánchez Montes